Cuando los legisladores aprobaron las reformas a la Constitución Nacional tras la invasión estadounidense, quedó muy claro que cuando se prohibió que un “uniformado” fuera jefe de la Policía Nacional se refería sin duda a un militar. Detrás de la prohibición no hay un capricho: existe toda una concepción de subordinación civil de las armas, tras la dolorosa dictadura.
Las interpretaciones que hoy se quieren hacer, para tratar de justificar lo que es una evidente violación a la Constitución, no es más que un juego gravísimo con el que el presidente Torrijos ha coqueteado desde su primer día en el cargo.
El concepto de “jefe encargado” de la institución policial es vergonzoso, dejando un precedente funesto y preocupante. La iniciativa para que un militar dirija la Policía proviene, precisamente, de otro militar que no encuentra nada de malo en hacerlo, queriendo enterrar con ello un pasado reciente en el que los panameños fuimos víctimas de la bota castrense. El tiempo ha
pasado, pero no por ello
somos amnésicos. |