Aires frescos soplan desde la Corte Suprema de Justicia. A partir de la elección de su nuevo presidente, y con el evidente apoyo de la nueva mayoría que se ha formado en ese ente colegiado, se nota un cambio que es preciso resaltar.
La tarea por delante es olímpica, complicada y delicada, pero al menos, genera optimismo. Una colección de casos emblemáticos, arropados en la más descarada impunidad (hundidos por evidentes recursos dilatorios acomodados con la dudosa complacencia de algunos jueces) ha salido de su letargo con el solo anuncio de auditorías superiores.
La escogencia del presidente Torrijos luce acertada, como lo ha sido también la actuación inicial de los nuevos magistrados, que han sabido detener la bochornosa y peligrosísima actuación de quienes sumaban hasta hace poco la mayoría en el pleno. Esperemos que el actuar
de esta corte se encamine
a recobrar la mancillada credibilidad y que no resulten prematuras, ni ilusas, las esperanzas que han
levantado. |