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Panamá, lunes 16 de junio de 2008
 

EL LASTRE DEL PASADO.

Cavilaciones

Marco Julio de Obaldía
opinion@prensa.com

Como en los actos de ilusionistas, a veces tenemos las cosas ante los ojos y no las vemos; el abismo que hay entre gobierno y oposición da vértigo, pero no parecemos percatarnos de ello. El grupo gubernamental tiene una membresía que iguala o supera a la de toda la oposición.

Cuenta con algunas personas de mérito y dedicación; para mí es un misterio hallar la razón por la que la presente administración –salvo parcelas aisladas– ha colapsado estrepitosamente. La imagen de aquel hacia quien podrían dirigirse todos los índices acusatorios, permanece tan inalterada como la de Dorian Grey, en fin, observen este ejemplo, aquellos que creen en el mítico “voto de castigo”.

La mayoría de las personas representativas del Gobierno ha vivido de nuestros impuestos, los mayores, durante décadas; es su modus vivendi. En sus afanes han endeudado al país y utilizado millardos; los resultados están a la vista de todos.

Hoy, a un año de las elecciones surgen, cual esporas, proyectos multimillonarios mal concebidos, maliciosamente acelerados y peor explicados, así como también la aprobación de leyes agazapadas cual travesuras infantiles, para pagar favorcillos o asegurar acaudalados respaldos.

De materializar los proyectos y ser aprobados “por urgencia notoria” los muy eufóricos beneficiarios se ampararán en la “seguridad jurídica” y recibirán a velocidad cósmica el aval de sus pares. Hace menos de una década, otro régimen PRD, más precavido quizá, para proteger sus polluelos, hizo lo propio al iniciar su mandato.

Usted, amable lector, quizá recuerde la oratoria desplegada en la Asamblea por la aplanadora y evaluará los resultados; no se lamente; el pueblo panameño, ese que “no se equivoca”, ha seguido votando por ellos, razón de más para que sigan engolosinados. En mi opinión, muchos de los miembros del PRD, al ver peligrar su fiambre, no vacilarían en recurrir a los milicos y codepadis, de allí que haya aflorado otra diferencia irreconciliable entre las partes.

La diferencia abismal ocurre en lo referente a la remilitarización de la fuerza pública. Por un lado está la Constitución, defendida por los civilistas y por el otro el PRD con la tesis sintetizada en: “¿cuál es el problema?”, frase que por lo repetida debemos suponer que es aceptada unánimemente por ese colectivo y sus aliados; como sabemos son reincidentes en violar constituciones.

El origen de la diferencia nace únicamente en la ubicación física: una cosa es estar tras las “cañas huecas”, como decía mi hermano, y otra es verlas de frente, como lo hizo el más de un centenar de ciudadanos quienes durante el mandato del primer tirano fueron sepultados en fosas comunes y exhumados, pero no identificados. De no haber otra razón, ésta sería para mí suficiente para nunca dar el voto al PRD.

Me parece que prematuramente han surgido los buitres, mismos que día tras día devoran las entrañas de un Prometeo, no atado al Cáucaso, sino a un maravilloso istmo al cual sus propios hijos, con patente de corso, salen a malbaratar a los cuatro puntos cardinales. Quiero creer que en una época cuando surgieron de las aguas todas las islas y continentes, un hado o una mente superior dijo: “Aún nos falta algo para estabilizar el clima en este planeta” y surgió nuestra patria, a la cual debemos honrar en todo momento de nuestra vida.

Los aspirantes opositores a la presidencia tienen una asombrosa uniformidad, tal, que no tengo ninguna preferencia entre ellos. De mantenerse unidos, como espero, en lo que a mi concierne uno podría ocupar el sillón presidencial durante 30 meses y otro el período restante. Lógicamente con un programa de gobierno previamente acordado.

Mucho, muchísimo trabajo han de tener durante ese período.

Todos los aspirantes son personas de trabajo constante en organizaciones familiares y durante décadas han dado trabajo a muchos panameños, tanto en la capital como en el interior y han contribuido, con talento y tesón, a consolidar sus fortunas. A mi juicio, ninguno tiene ese esquivo don que llaman carisma, si bien ha de haber variantes en sus discursos y exposiciones. Es claro que las bien consolidadas fortunas familiares hechas honradamente no son para hacer piñata y supongo que sus seguidores ya se han percatado de ello.

Han tenido experiencia como funcionarios, unos en el Legislativo, y otros en el Ejecutivo y también los une el hecho de que a ninguno se le ha vinculado con negocios turbios.

Creo que coinciden en que la Constitución, engendrada en un aquelarre, saturada de feudos y condotieros, ideal para la dictadura, constituye un freno, un lastre, que impide que Panamá ocupe el sitio de avanzada que le corresponde en esta era cibernética en la cual lo que es novedad hoy, será obsoleto mañana. Nuestra deuda pública fue elevada a cifras siderales durante la dictadura; paradójicamente, tenemos el deshonor de ser uno de los países con peor distribución de riqueza en el mundo.

La deuda pública es impagable, no así la solución a la vergonzosa distribución de la riqueza, tarea que debería tener como prioritaria la próxima administración ideando soluciones permanentes, no limosnas ni paños tibios.

Presiento que nuestra juventud y la de muchos otros países, se siente acorralada y a punto de producir una estampida de proporciones impredecibles, ya que tienen la capacidad de laborar en oficios y profesiones, pero están constreñidos bajo un sistema político que prácticamente les obliga a someterse a un partido para lograr un alivio; por ello insisto en que es obligante cambiar juiciosamente nuestro sistema político –incluyendo el electoral– haciéndolo más flexible y acorde con los tiempos que vivimos para dar oportunidad y libertad a esa juventud y, a la vez, tener contrapesos que impidan la vuelta a la dictadura que, con ayuda foránea, representa siempre una espada de Damocles.

El autor es ingeniero y profesor jubilado


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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