COSTO.
El tercer ‘shock’ petrolero
Eduardo L. Lamphrey R.
opinion@prensa.com
El precio de la gasolina alcanzó, en EU, la cifra récord de cinco dólares por galón. Todo esto por la subida de precios del barril, que desde 2003 se quintuplicó y alcanza los 138.54 dólares por barril.
Ya se habla y se escribe del “tercer shock petrolero”, dado que entre 2003 y 2007 el barril subió de 40 dólares a 90 dólares. Desde el primer trimestre de 2008 el ascenso fue fulgurante, en seis meses superó los 100 dólares. Hoy se perfila hacia los 140 dólares y con predicciones que en corto plazo llegue a los 150 dólares.
Ante este shock petrolero, el mundo reacciona. Vemos a muchos transportistas bloqueando carreteras, multitudes enarbolando consignas contra el alza de los combustibles, de los alimentos, la inflación. La OPEP (40% de la producción mundial) se niega a aumentar su producción, por considerar que la subida de los precios se debe a la especulación y no a un déficit de la oferta; los gobiernos tratan de implementar medidas para que sus empleados ahorren combustibles, incluyendo la reducción de la jornada laboral; también es cierto que la caída del dólar, la crisis inmobiliaria en EU, las tensiones políticas en Irak, Irán, Nigeria, Israel; el aumento del consumo de combustible en los países emergentes (China, India, Rusia, Brasil), todo contribuye al aumento acelerado del precio. Sin embargo, EU sigue almacenando stocks estratégicos de petróleo. O sea, se preparan para cualquier eventualidad mundial.
Es necesario que el mundo presione para que aumente la producción de petróleo, ante la recesión mundial que se avecina y donde todos perderemos.
Panamá no escapa a esta crisis; vemos el alza de los combustibles y alimentos, los altos niveles de pobreza, de desigualdad económica, de la inflación y el crecimiento de la economía informal. Falta un año para las elecciones presidenciales, pero ningún candidato plantea una opción seria para enfrentar la recesión. Vemos cómo el mundo sigue padeciendo y nosotros, como buenos istmeños, trataremos de sobrevivir. No es la primera vez que lo hacemos.
El autor es economista
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