EVALUAR LOS INCENTIVOS.
Teoría de juegos y crisis alimentaria
1035568Gustavo Valderrama R.
opinion@prensa.com
En la cumbre alimentaria de Roma, todos los países mostraron una franca preocupación por la potencial crisis de escasez de alimentos, y es que una serie de desafortunados eventos se han conjugado para fortalecer la hambruna que se vaticinaba. Es decir, es una realidad que los precios del petróleo se han incrementado en forma drástica; que el cambio climático cada día es más evidente; que persisten los subsidios de los grandes países; y que el dólar se depreció producto de las políticas monetarias estadounidenses; pero también es cierto que sin esta serie de eventos, la práctica común del libre comercio nos hubiese llevado a la misma crisis.
¿Por qué estamos en el umbral de una crisis alimentaria? La razón se fundamenta en el libre comercio, pero no porque el libre comercio y las prácticas neoliberales, como las tildan algunos, sean contraproducentes, sino más bien por la falta de generación de mecanismos de auto cumplimiento. Es decir, el libre comercio se fundamenta en el principio de eficiencia (ventajas comparativas de David Ricardo) en donde cada país se especializará en lo que mejor hace. En este artículo hemos generalizado y para ejemplificar llamaremos más eficientes a los países grandes productores de granos y alimentos y menos eficientes a los países con producciones desplazadas.
Esta eficiencia productiva no se produce en el corto plazo, pero en el corto plazo sí se desplazó la producción de muchos países, que en teoría deberían ser atendidas por la mayor oferta y menores precios de los países eficientes. Para exponerlo de una manera más comprensible utilizaré "la teoría de juegos". Esta teoría estudia el comportamiento de las partes en situaciones estratégicas, entendiendo por estrategias, la acción de una de las partes al considerar todas las posibles reacciones de la contraparte. Este tema al parecer no se analizó cuando se decidió seguir la senda del libre comercio, generando una reacción sumamente óptima, pero poco esperada por los países menos eficientes.
Para verlo con detalle evocaremos uno de los casos más famosos y fáciles de entender que se dan en curso de la teoría de juegos, llamado la carrera armamentista. Cuando se daba la guerra fría, Estados Unidos y la Unión Soviética entablaban constantes diálogos y buscaban llegar a un acuerdo que lograra el desarme de las partes y, de esta manera, aliviar la tensión que había ante una eventual guerra mundial. El problema estaba en la disyuntiva de quién iniciaba el desarme. Cada uno sabía que hacerlo espontáneamente lo dejaba en situación desventajosa frente al otro; como ninguno tenía la facultad de comprobar que el otro se desarmara, no tenían suficientes incentivos para hacerlo y, en el caso que el otro lo hiciera de buena fe, quedaría expuesto dejando al que no lo hizo con la hegemonía mundial. La conclusión: ninguno se desarmaba, porque los incentivos los llevaban a estar armados por si acaso. Finalmente Rusia decidió hacerlo y la guerra fría terminó. Todos sabemos quién se quedó con la peor parte… al menos por el momento.
Ahora ocurre algo similar con los alimentos. La mayoría de los países que decidieron firmar libres comercios y reducir los incentivos para la producción, basaron sus análisis en la buena fe y no en los incentivos que generaban con su acción; por lo que no previeron que se desarmaron sin haber generado políticas o acuerdos de auto cumplimiento, es decir, la negociación tuvo que prever que la disminución de un quintal de algún rubro fuera automáticamente producido por otro país. Como estos mecanismos no se generaron, los países eficientes no encontraron suficientes incentivos para elevar la producción de manera inmediata. Y debo decir que lo hicieron bien, porque esos países hoy están viendo las reacciones de la mayoría de los países como el nuestro. Es decir, en todo el mundo se están generando nuevos incentivos para elevar la producción y no depender en el futuro, de producciones de otros países.
Finalmente, este breve análisis nos lleva a pensar que los países eficientes lograron maximizar sus beneficios porque incumplieron los acuerdos tácitos de abastecimiento al resto del mundo. Por lo tanto, esta encrucijada nos ha dejado mucho que aprender: en la medida en que deseamos hacer algo, miremos si evaluamos todos los incentivos que generamos y si existen formatos de auto cumplimiento, de lo contario es casi seguro que perderemos.
El autor es economista MBA
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