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Panamá, viernes 6 de junio de 2008
 

UN VISTAZO A LAS PRÓXIMAS ELECCIONES.

Discriminación racial

Horacio Bustamante
opinion@prensa.com

Para que este artículo no se preste a malos entendidos, empezaré diciendo que soy de raza blanca, con antepasados irlandeses y españoles y que no han faltado las ocasiones en mi vida para que combata con toda mi alma el injusto y despótico racismo.

Uno de mis más queridos recuerdos, en este sentido, es cuando en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde fui embajador de Panamá durante siete años, hice expulsar de una conferencia, ante los delegados de 90 países, a toda la delegación de Suráfrica cuando en ese país gobernaba el odioso régimen racista llamado apartheid. Esto me valió un homenaje por todos los países africanos asistentes a la conferencia por el gesto audaz de ese panameño que, sin pertenecer al continente negro ni ser de esa raza, se había manifestado contra el racismo logrando la expulsión de los representantes de un gobierno poderoso que, en ese entonces, era el más racista del mundo.

En esa época, en el Consejo Ejecutivo de la Unesco, órgano que controla y toma las decisiones concernientes a la educación, la ciencia y la cultura en todo el mundo, entre las 40 personas de diferentes naciones que lo formábamos, el presidente y 12 de sus miembros eran de raza negra.

He tenido el orgullo de compartir, durante mi carrera diplomática, en Panamá y varios países momentos excepcionales con grandes talentos de origen africano o caribeño. Dios ha creado la igualdad entre los hombres y solo la maldad de ciertos seres humanos ha dado lugar a una discriminación y a una falsa superioridad solo por el color de la piel. Es que en nuestro país pareciera que desgraciadamente hay algunos que aún no se despojan de un racismo que hace daño.

Recorriendo las calles de nuestra capital en estos momentos, ya empezamos a ver cantidad de carteles con rostros solo de candidatos blancos en un país donde un porcentaje importante de la población es de raza negra y que posee hombres muy valiosos pertenecientes a ella capaces de aspirar a la más alta magistratura de nuestra República.

Esto no es algo de actualidad. Si echamos un vistazo a la historia de Panamá ¿qué nombre puede mencionarse que siendo de origen africano, con tez bien oscura, pero panameño ante todo, haya sido elegido presidente, que haya permanecido su periodo entero en el Palacio de las Garzas y que figure en la galería de primeros mandatarios que cumplieron a carta cabal con su mandato? No hay ninguno.

Es sorprendente que en toda nuestra vida republicana y habiendo en nuestro país personalidades de raza negra de gran talento que ocuparon importantes puestos públicos donde se desempeñaron brillantemente, ninguno haya sido elegido, a través de elecciones, para ocupar el cargo de Presidente de la República.

El único que logró alcanzar la presidencia fue el eminente Tomás Gabriel Duque, pero solo en calidad de reemplazante del presidente de entonces y por un periodo efímero de 17 días en septiembre de 1928.

En un país donde una gran parte de la población es de raza negra esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué no se candidatizan tantos panameños que pertenecen a ella y que dejarían en alto el nombre de la patria? La respuesta es bien sencilla. Es, antes que nada, una cuestión de dinero. Para ganar una elección presidencial es primordial el respaldo de millones de dólares. Ese enorme caudal de dinero que reciben los candidatos para financiar una propaganda desmedida y con una anticipación absurda, procede de abultadas fortunas personales o de fuentes nacionales o extranjeras vinculadas a ellos a través de altos intereses creados.

Si un candidato de raza negra por un motivo u otro no posee el dinero necesario o la ayuda de contactos donde no impere el racismo, lo mucho que pueda aportar como persona desgraciadamente parece no ser suficiente.

Es evidente que para los candidatos blancos y quienes les ayudan, sería un motivo de preocupación la presencia de un candidato de raza negra entre los aspirantes a la presidencia si se tiene en cuenta el apoyo que, también por una razón racial, podrían brindarle gran número de sus semejantes que votan en este país.

Parece que todavía no hemos llegado a la época que está superando en este momento Estados Unidos, tratando de olvidar los años crueles del Ku Klux Klan, intentando llevar a la presidencia del país más poderoso del mundo a un ciudadano negro.

Ya es hora de que en un planeta donde la tecnología avanza a pasos agigantados también progresen las mentes retrasadas reconociendo la igualdad racial entre todos los que pisamos este mundo y los verdaderos valores humanos que son más importantes que las máquinas y la informática.

Es de esperar que algún día podamos ver al frente de nuestra nación un presidente de raza negra que merezca ese puesto y quien quizás resolverá cantidad de problemas en nuestro país que aún no han hallado solución.

El autor es ex embajador de Panamá
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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