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Panamá, jueves 5 de junio de 2008
 

SOCIEDAD.

Diálogo, respeto y compromiso

Osvaldo Jordán
opinion@prensa.com

Nunca he creído en esa expresión de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pero no deja de preocuparme la ligereza con la que algunas organizaciones ciudadanas responden a los desafíos del presente. Si algo se grabó en mi mente durante los años de la dictadura fue la vertical posición adoptada por la Iglesia católica. En aquel tiempo, nuestros obispos decían que una mediación solo sería posible cuando existiera voluntad de diálogo entre el gobierno militar y la oposición.

A pesar del alto precio que pagamos por la obstinación de algunos que se aferraron al poder, siempre consideré admirable el trabajo de quienes intentaron construir una gobernabilidad democrática después de la tragedia del 20 de diciembre. Gracias a estos esfuerzos fueron posibles los diálogos de Bambito y de Coronado, que sentaron las bases para la eliminación de la corrupción electoral y la adopción de compromisos con relación al futuro del Canal.

En mi opinión, hasta aquí llegaron las condiciones propicias para una concertación en Panamá. Luego del frustrado intento de perpetuar las bases norteamericanas y de la arrebatiña que se inició con los bienes revertidos, hubo quienes creímos que la situación podría cambiar con la llegada de un nuevo gobierno. Aún puedo recordar la tristeza que me dio contemplar la devastación de los Cuatro Altos en Colón, así como las palabras de un dignatario de la Anam, quien me explicó que las organizaciones ciudadanas "habían cometido el error de no verificar los límites de las áreas boscosas".

Aunque desde entonces han sido muchos los que han luchado por defender los bosques, manglares y humedales de las áreas revertidas, solo se han encontrado con la burla de innumerables funcionarios de todos los partidos. Este fue el motivo por el que dije que no participaría en ninguna pantomima de mesa de concertación; y tristemente, los últimos 12 meses, con construcciones ilegales de represas, el teatro bufo de Petaquilla y la reciente declaración del desarrollo urbano en las áreas revertidas como de interés social, me han demostrado que no me equivocaba. Todavía me pregunto qué podemos esperar los ambientalistas sentándonos a conversar con un gobierno que en sus últimos estertores ha perdido todo semblante de vergüenza.

Por eso me maravilla el optimismo de algunas organizaciones de la sociedad civil, pero también creo que 10 años han sido suficientes para aprender nuestra lección. Tampoco entiendo por qué el BID y el Banco Mundial siguen endeudando a nuestro pueblo, regalándole recursos para el despilfarro a la Anam. ¿Acaso no quieren darse cuenta de que a menos de que esta institución sea reformada, no se avanzará un ápice en la protección del ambiente? Pero antes de esto, hay que deslindar responsabilidades y mandar a la cárcel a quienes ayer apadrinaron la destrucción de los Cuatro Altos y hoy imprimen sus rúbricas sobre la violación de los derechos humanos en Bocas del Toro. Y es que al igual que en los tiempos de Noriega, no se puede sancionar la impunidad contemporizando con esta clase de delincuentes.

El autor es ecologista y especialista en políticas ambientales
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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