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Panamá, lunes 2 de junio de 2008
 

RETO CIUDADANO.

Compromiso con valores cívicos

Paulino Romero C.
opinion@prensa.com

Cada día presenciamos con asombro la magnitud de los problemas de la violencia, la delincuencia, el incremento del crimen y la corrupción en nuestro medio. El flagelo de la corrupción, sobre todo en algunas instituciones gubernamentales, ha tomado niveles alarmantes. Hace falta la autocrítica respecto a hechos que han alcanzado notoriedad pública, como los vergonzosos casos denunciados del Fece y de la fibra de vidrio en el Ministerio de Educación. De seguro que urge una mayor voluntad política para combatir la corrupción, aunque cayeran militantes de partidos políticos que lideran organizaciones sobre las que nuestros dirigentes sustentan su cuota de poder.

Parece propio de la naturaleza humana evadir los problemas y "echarle la culpa al otro"; esta funesta tendencia se hace particularmente evidente en el comportamiento político. Por ejemplo: ¿Cuán distinto sería hoy nuestro país si durante los últimos 18 años, los gobiernos democráticos hubieran tomado acciones firmes destinadas a proteger las fronteras, atacar el narcotráfico y controlar debidamente el pandillaje urbano, en vez de afirmar que todo aquello era una exageración o invento de los medios de comunicación? Hoy, en muchos lugares de Panamá (la capital, Colón y el interior del país), pareciera que los delincuentes y narcotraficantes han reemplazado a las autoridades. Ellos tienen sus propias reglas y redes de protección, y se consolidan mediante los lucrativos negocios del robo, el asalto, el crimen y la droga. Esta última lamentablemente está llegando a los niños y niñas de nuestras escuelas básicas.

En realidad, ¿qué país tendríamos hoy si hubiéramos reconocido a tiempo la magnitud del fenómeno de la delincuencia, en vez de culpar a los medios de comunicación de exagerar la nota sobre el particular? ¿Cuántos jóvenes de todos los estratos sociales estarían en la actualidad con una familia bien constituida y un trabajo digno, en vez de estar formando parte de una pandilla delincuencial, o muertos, o en una cárcel? ¿Cuántos panameños y panameñas caminarían más seguros por las calles de nuestro país si tuviéramos menores niveles de delitos?

Tendríamos menos delincuencia y corrupción hoy si gobierno y pueblo hubiéramos avanzado en la formulación e implementación de leyes de manos limpias, que condenaran severamente a personas ubicadas en ambos lados de la delincuencia y la corrupción: quienes patrocinan el pandillaje y quienes lo ejecutan; quienes producen y trafican droga y quienes la consuman; quienes reciban coimas y quienes las pagan.

No podemos continuar con medidas paliativas frente a los monstruos de la criminalidad, la violencia y la corrupción que crecen día a día. ¡Es una realidad que existe, y que basta con salir a terreno y conversar con la gente o ver los noticieros televisivos diarios para saber que todo es cierto! Estamos convencidos de que para combatir la delincuencia y la corrupción de manera real y efectiva debe existir voluntad política y, sobre todo, compromiso con valores cívicos permanentes. Esto significa que todos los líderes nacionales –sean estos públicos o privados– deben rechazar y castigar a todo comportamiento no ético, sin reparar en militancia política, amigos que se tengan ni padrinos políticos.

Todavía estamos a tiempo de frenar la delincuencia y la corrupción. Panamá tiene aún un gran capital de honestidad que conservar y cuidar. Por eso, debemos llamar la atención en el terreno político sobre aquellos grupos de poder que están en proceso de apropiación del Estado y que lo único que buscan es servirse a ellos mismos. Nuestro compromiso docente es trabajar junto a todas las personas íntegras para intensificar la lucha contra la delincuencia y la corrupción y, en ese camino, defenestrar a los pandilleros, a los corruptos y a los mediocres serviles que tanto daño le hacen a Panamá y su gente. Y que sea la honestidad, la capacidad, el mérito, el talento, la disciplina y el esfuerzo lo que valoremos y privilegiemos en el servicio tanto público como privado. ¡He ahí el reto ciudadano planteado a los políticos en general: compromiso con valores cívicos permanentes!

El autor es pedagogo, escritor y diplomático
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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