MALOS EJEMPLOS.
Experiencias del Prodec
Juan Carlos Pastor
opinion@prensa.com
Hay que analizar la maldad de los gobernantes. Nos preguntamos ¿por qué siempre andamos mal? ¿Por qué cada actuación que según ellos es tremendamente beneficiosa para el pueblo supone despilfarros y politiquería? Es posible quizás que algunos de los resultados positivos obtenidos durante la "dictadura" se deben a la certeza de estabilidad de su permanencia en el poder, lo que contrario sensu revelaría lo lejos que estamos de obtener buenas administraciones en nuestras democracias, por el materialismo que alimenta a cada aspirante al poder. Podemos adicionar el análisis de la personalidad de una figura como Omar Torrijos, quien para muchos era un hombre decidido a resolver las cargas de los necesitados.
Pero eso solo ocurre en la figura de líderes a quienes les interesa un comino su situación personal después que puedan comer y vivir con la satisfacción que implica servir a los demás. No descarto que Arnulfo Arias fuese igual, pero lo cierto es que quienes se llaman sus seguidores muy lejos están de comprender estas almas comprometidas.
El hijo de Omar, evidentemente y a pesar de su educación, muy lejos está de aquella sensibilidad. No solo ha demostrado sus intereses capitalistas por los hechos extranjeros que se le denuncian, sino que por haber utilizado un partido para obtener poder y beneficiar a capitalistas extranjeros y desconectados con el pueblo, en abierta traición a los legados de su padre que dio en abundancia lo que ahora éste y su terquedad nos quitan. Omar creó el PRD y no era perredista, era panameño, era de los pobres. Martín usa el PRD y se acuesta con la ultra derecha viajando a EU, vendiendo y trayendo avariciosos inversionistas.
Qué casualidad que en cada Prodec reparta migajas materiales que el Estado está obligado a brindar a la comunidad (ampliación de salones, acueducto, canchas y centros de salud), cuando debería procurar el mejoramiento de la justicia, la supervisión de la corrupción policial, educación superior y maestrías baratas para sus hijos. ¿Quién dará mantenimiento a todas estas canchas y centros de salud sin medicamentos ni médicos?
El autor es abogado
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