Salarios exorbitantes
Harmodio Arrocha Jr.
harrocha@prensa.com
OPINIÓN. Como se están desarrollando las cosas, en un mercado del béisbol criollo donde prevalecen los intereses de aquellas ligas que tienen dinero, me parece que es un poco peligroso, porque sencillamente se ha perdido el respeto por las sumas pagadas a los jugadores. No tengo la menor duda de que el béisbol panameño, respetado en el mundo entero por su calidad, está pasando por su mejor momento, pero me parece una irresponsabilidad de la dirigencia beisbolística permitir que las reglas del actual mercado de contrataciones las impongan los peloteros. Sencillamente, este asunto se está saliendo de las manos, pero no culpo a los jugadores, que están aprovechando la oportunidad para probar en el mercado su valor real y sacar los mejores beneficios económicos.
Después de hablar ayer con el valioso beisbolista colonense Earl Agnoly quedé con algunas dudas por lo corto que fue el diálogo; aunque, aclaro, su repuesta fue exacta, pero me hubiera gustado ampliar la plática con este baluarte colonense. Solo se concretó a confirmar su fichaje con Los Santos. Pero, me inquietud iba más allá de confirmar el fichaje; como periodista necesitaba saber si realmente la contraoferta que le hizo el comité de apoyo santeño llenaba sus aspiraciones en el aspecto económico y deportivo. Y justamente porque no hay un tope salarial que le ponga un alto al relajo que hay en las actuales contrataciones, se da lugar primero a las especulaciones que rodean los fichajes; y lo más grave de todo, el manejo desordenado que impera en este mercado. Insisto en que se ha perdido el respeto por las sumas pagadas a los jugadores, y culpo a los dirigentes que están llevando esto a niveles insospechados, poniendo en peligro el futuro del béisbol. Sustento mi comentario.
El caso del fichaje de Agnoly es el mejor ejemplo para diferenciar los dos océanos que hay en el béisbol panameño. O sea, el océano de los equipos pobres y el otro en el que corren los billetes. Al final Colón, que sí hizo el esfuerzo para quedarse con su pelotero insignia, se quedó corto a la hora de reunir los billetes y lo perdió. Los santeños, que pusieron más dólares en la mesa, lanzaron una contraoferta que seguramente está por encima de los 10 mil dólares. Pero viéndolo bien, razones tenía Agnoly para aspirar a un gran contrato, aunque no creo que nuestro béisbol, con las reglas obsoletas que jugamos, tenga cabida para cifras exorbitantes. Su aporte fue tan bueno como el del lanzador colombiano Javier Ortiz, que cobró nada menos que arriba de 12 mil dólares, solamente por seis semanas de competencia. Insisto en que la forma como se está manejando esto es peligrosa.
El autor es periodista.
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