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Panamá, viernes 30 de mayo de 2008
 

ACCIDENTE EN CALIDONIA. mUEREN 11 PERSONAS TRAS CAER HELICÓPTERO DEL SERVICIO AÉREO NACIONAL.

‘Hubo problemas con el motor’

‘¿Cómo están mis compañeros?’, preguntó una y otra vez el subteniente Hernaldo Carrasco, copiloto del helicóptero SAN-100, a uno de sus rescatistas. Carrasco fue el único sobreviviente de la tragedia.

En calle 38 ó calle Q, inescrupulosos intentaron saquear los establecimientos comerciales aprovechándose del siniestro. La Policía Nacional tuvo que evacuar a los presentes y reforzar la vigilancia. El fluido eléctrico fue suspendido.

Redacción de La Prensa
panorama@prensa.com
El fuselaje del helicóptero quedó regado por los alrededores del almacén. Las imágenes horrorizaban a los transeúntes que se encontraban en el lugar. 1032577 A causa del humo generado por la combustión de materiales dentro del establecimiento, los 'camisas roja' tuvieron que usar equipos especiales.

Oduver Edwars, quien trabaja como conductor en la secretaría de prensa del Ministerio de la Presidencia, comía ayer junto a su hermano Osvaldo Smith en una fonda de Calidonia, cuando de pronto escuchó un estruendo. A pocos metros de la fonda donde estaban, cayó la cabina de un helicóptero.

Aún atónitos por lo que veían, se atrevieron a acercarse al encendido fuselaje de la aeronave y lograron rescatar con vida a quien después se supo era el subteniente Hernaldo Carrasco, copiloto del helicóptero SAN-100. "Tuvimos problemas con el motor", les repitió insistentemente el ensangrentado funcionario.

"Cómo están mis compañeros", les preguntó una y otra vez, mientras lo cargaban hacia una iglesia evangélica situada a unos 50 metros del sitio de la tragedia.

Luego, y a pesar de que el incendio tomaba cada vez más fuerza, los hermanos regresaron al lugar y sacaron al piloto, Juan Delgado, quien se hallaba inconsciente, amarrado a la silla del helicóptero. Delgado murió horas más tarde en el Hospital Santo Tomás.

Edwars se quemó los brazos con el fuego y perdió el conocimiento por la inhalación de humo, pero ayer mismo fue dado de alta. Antes de poder irse a su casa, funcionarios de la Dirección de Investigación Judicial lo condujeron hacia esa entidad, que ya inició las pesquisas del caso.

Por más de seis horas seguidas tuvieron que batallar los bomberos para controlar las llamas que se desataron tras el estallido de la nave. Los encargados del almacén afirmaron que ni los empleados ni los clientes resultaron heridos en el siniestro número 17 que se registra desde 1997. Personal de la Cruz Roja, Sinaproc, Policía Nacional y otros estamentos de seguridad participaron en las operaciones para rescatar a las víctimas.

Atónitos

Eran las 2:00 p.m. de ayer jueves, 29 de mayo, cuando las sirenas del Cuartel Ricardo Arango sonaron con todas sus fuerzas, para anunciar lo que Tomás Girón había visto hacía apenas unos minutos. "Yo vi que el helicóptero pasó por aquí al frente, bajito, muy bajito, y me paré en la esquina a mirar".

Girón tiene su puesto de venta de vegetales y verduras desde hace 16 años en una esquina de la Avenida Perú, justo al lado de la gran manzana que ocupa El Machetazo. Al frente de este almacén, en el techo de Banana Price, el SAN-100 del Servicio Aéreo Nacional (SAN) se había caído y había provocado un incendio.

El resultado de la tragedia: 11 muertos y un sobreviviente (Hernaldo Carrasco, que está estable en el Hospital Nacional). De las víctimas, seis son panameños (tres de la Policía Nacional y tres funcionarios del SAN) y los otros seis son chilenos. El total de heridos y afectados por el incendio que se generó en el lugar, aún no se ha confirmado oficialmente.

Testigos

"Eso fue muy feo... Cuando cayó se hizo una bola grande de humo negro", recordó Girón.

Es que lo que se vivió ayer en el centro capitalino era consternación. Se sabía que algo había ocurrido desde la altura del Hospital Nacional, en calle 38, porque los uniformados armados estaban por doquier, porque los autobuses buscaban cómo salir del laberinto, porque un buen tramo de las avenidas Perú, Cuba, Justo Arosemena y la de Calidonia estaban cerradas al tráfico, y porque cientos de personas subían y bajaban tratando de salir del bullicio de los carros bomba, de las órdenes enfáticas de los agentes de seguridad, y del propio susto de saber que no se era uno de los muertos.

Cuando Yoira Samaniego escuchó por televisión el desastre que había ocurrido, desesperada, bajó las escaleras del edificio en el que vive, en Plaza Bella Vista, y casi corriendo llegó hasta las puertas de la escuela República de Chile. "Vine a buscar a mi niña, pero no los están dejando salir", contó, mientras desde adentro se oían las voces agudas de los chiquillos.

Los bomberos solo tuvieron que cruzar dos manzanas para llegar al sitio del accidente, y poco después, se les unieron compañeros que llegaron desde el Cuartel Segis Navarro, de Balboa; Juan A. Guizado, de El Chorrillo; y Darío Vallarino, de Carrasquila.

‘Se nos viene encima’

Carlos Ever, de 65 años de edad, utiliza muletas para caminar y vender cigarrillos. Ayer, estaba sentado al lado de la panadería Ondien, ubicada frente al edificio Banana Price, cuando vio que el helicóptero se venía abajo. "Todo ocurrió en cámara lenta, una bola de candela caía pausadamente. Pensé que me iba caer a mí, pero la verdad no sé cómo hice para salir de allí", dijo Ever.

"Al voltear, vi al piloto con la ropa rasgada y su piel curtida, el rostro ensangrentado y las pupilas dilatadas", contó Ever, quien asegura que varias personas salieron despedidas del aparato. Después, Ever vio seis cadáveres que yacían sobre la calle. "¡Dios mío!, eso fue horrible", contó Ever.

Lina, la dueña del lavamático Irina, frente al Banana Price, dijo que fragmentos de hierro volaron tras el choque.

Hubo gente que intentó saquear los almacenes. Por eso, los comercios de Calidonia cerraron temprano y se reforzó la presencia policial. Además, el fluido eléctrico en la zona fue cortado para evitar otra tragedia, dijeron las autoridades.

Con información de José Otero, William Sala, Ana Benjamín, Rafael Pérez, Rafael Luna y Elizabeth Garrido.

‘El piloto trató de evitarlo’

"Estaba en el piso 6 del edificio Poli, cuando escuché un ruido horrible. Salí al balcón del apartamento y vi que un helicóptero venía zigzagueando desde el mar. Venía de la Avenida Balboa, directo hacia el edificio", relató ayer Belkis Moreno, de 33 años, horas después del accidente del SAN-100.

Aún nerviosa por lo sucedido, Moreno afirmó que, evidentemente, la aeronave tenía problemas mecánicos, tanto por el "ruido espantoso" como por su movimiento de zigzag. Además, dijo, "venía volando bajito".

Moreno señaló que "antes de venir hacia el Poli, la aeronave evitó chocarse contra dos torres en construcción". "Se veía que iba mucha gente dentro". Luego de suspirar y ver que el helicóptero siguió de largo, sin tocar el Poli, Moreno no le quitó la vista. "Después, la nave se dirigió hacia la Lotería y también logró esquivarla. Era como si el piloto intentara evitar el choque".

"Buscaba un lugar para caer, en alguna de las calles más despejadas", dijo Moreno. Pero, al final, "hubo explosión y cayó contra el edificio".

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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