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Panamá, miércoles 28 de mayo de 2008
 

EL TENEDOR. CUBIERTO UNIVERSAL.

Un artilugio del diablo

El tenedor es el miembro más joven de la familia de la cubertería, y se originó en Oriente, aunque solo en los tres últimos siglos ha adornado nuestra mesa.

1031285Ana Alfaro
Especial para La Prensa

vivir+@prensa.com

Aunque existe una descripción de una especie de gancho que se utilizaba para sacar las carnes de las ollas en la Biblia (Libro I de Samuel: 2:13: "Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes", 2:14 "y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo".

Y en la Odisea, Homero describe a un utensilio similar a un tenedor y con cinco dientes, aunque el primer uso documentado en Europa de un tenedor con dientes alrededor de la mesa fue del siglo XI.

Esta primera evidencia tiene como protagonista a Teodora, hija del emperador de Bizancio, Constantino Ducas, de comentado excentricismo.

Lo llevó a Venecia al contraer matrimonio con Doménico Selvo, Dux de aquella República.

También se condenó de excéntrica a la Dogesa Maria Argira (griega de nacimiento) de Venecia, quien comía con tenedor.

San Pedro Damian, de quien proviene esta historia, evidentemente no gustaba del aparatito, porque lo usó como prueba para condenarla de brujería: "Tal era el lujo de sus hábitos... [que no] se dignó a tocar su comida con sus dedos, sino que ordenaba a sus eunucos a que se la cortaran en trocitos, que ensartaba en cierto instrumento de oro con dos chuzos y así se los llevaba a la boca".

Como incidente, no era el trinche el único instrumento del diablo. A la prima de la Argira, Teofano, esposa de Otón II (973-983) y regente de Otón III (983-1002) y una de las emperatrices más hábiles que jamás haya gobernado Alemania, fue vista tras su muerte por una monja visionaria ardiendo en el Infierno por su costumbre de tomar baños.

De haber estado las dos juntas, allá por el inframundo, de seguro hubieran disfrutado de una rica fondue, entre el calorcito de los fuegos eternos, y los tenedorcitos bidentes que eran costumbre en la época (ya existía el kirsch, el pan y el queso, así que tendrían todos los elementos).

Lo correcto, claro, era usar los dedos. Mala educación era ensuciarse más allá del segundo nudillo, y utilizar más de tres dedos a la vez. ¿Y, si tan buen instrumento nos había dado Dios, por qué la sorna? Era éste el argumento de los detractores del tenedor. Si quieres saber cómo era el cuento, métete a comer tagine en Marruecos, y ya verás. En 1599, Jacobo Bassano pintó uno de los primeros tenedores que figuraran en la Última Cena.

Carlos V de España tenía más de una docena de tenedores, pero los cortesanos de Enrique III de Francia (1551-1589) eran el hazmerreír por la enorme cantidad de comida que caía al suelo en sus fallidos intentos. El rey había traído los tenedores consigo de Venecia, donde eran conocidos, mas su uso no fue difundido entre la corte italiana hasta 1701.

Y por supuesto, a la florentina Catalina de Medici se le atribuye haberlo llevado a la corte francesa, al desposarse con Enrique II.

Vea ¿Dónde se inventó?

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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