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Panamá, miércoles 28 de mayo de 2008
 

FRENO AL IRRACIONALISMO.

La filosofía como justiciera de la razón

Juan Antonio Tack
opinion@prensa.com

Bajo la atmósfera de irracionalismo, esoterismo, ocultismo y otros fenómenos "extraños" que asfixian el ya escuálido ambiente intelectual–cultural de Panamá– y alimentada dicha atmósfera por muchos horrendos programas que pasan en todos los canales de televisión locales-, de pronto surge una especie de tenue luz con brillo intelectual que nos ayuda a mejorar nuestra respiración. Así, en la edición del importante diario El País, de Madrid, del 23 de mayo último, el periodista Miguel Ángel Villena ha publicado una corta pero magnífica reseña sobre el más reciente libro que ha publicado el brillante filósofo español Víctor Gómez Pin, con el título Filosofía. Interrogaciones que a todos conciernen. Y, precisamente, "la filosofía como justiciera de la razón" es el argumento principal de este libro.

El periodista Villena señala que Gómez Pin, uno de los pensadores españoles más destacados de los últimos años, concibe la filosofía en su justa dimensión cultural e intelectual; es decir, como aspiración del ser humano a la lucidez, como freno al irracionalismo de los fundamentalismos religiosos fanáticos (diferentes estos al sentimiento religioso legítimo), como un conjunto de interrogantes sobre nosotros mismos y nuestra concepción del mundo, como el conjunto de interrogaciones que nos persiguen desde la Grecia clásica.

Víctor Gómez Pin es profesor de Teoría del Conocimiento e Introducción al Pensamiento Matemático, materias que lo mantienen inmerso en el mundo de las relaciones entre filosofía y ciencias naturales, arribando, inevitablemente, al análisis de las diversas manifestaciones religiosas. Al inicio de su mencionado libro, declara su propósito de "reivindicar de modo militante aquella máxima de Aristóteles de que los hombres, por su propia naturaleza, deberían sentir el deseo de aspirar a la lucidez", aunque el camino que conduce al logro de ese propósito está sembrado de las espinas de la ignorancia y estupideces humanas.

En una conversación que sostuvo con Gómez Pin, el periodista Villena nos dice que el filósofo le explicó que, como ilustración histórica del ansia de conocimiento que implica la filosofía ("los caminos de exploración de la ciencia acaban por volver a la filosofía") se encuentra el famoso debate sobre esfericidad del planeta Tierra. Como ferviente admirador de Galileo Galilei (el científico inhumanamente perseguido por la "Santa" Inquisición), Gómez Pin subraya que demostrar la centralidad del Sol y que el planeta Tierra giraba a su alrededor, "no se necesitaba en absoluto para la supervivencia", sino que "era solo un problema de comprensión del mundo". ¿Qué hizo que las demostraciones astronómicas, sustentadas en sólidos conocimientos de física–matemática, fueran abriéndose camino? Simplemente que, por contrarias que fueran al dogmatismo religioso, poseían fuerza racional explicativa.

Gómez Pin mantiene firmemente que la razón no debe arrodillarse ante nada y reafirma: "La filosofía representa la asunción de que para nosotros, para bien del espíritu y para mal de la adecuación a la naturaleza, la razón va por delante". Agrega: "La religión supone una renuncia a la razón", pero "de todos modos", matiza, "si una creencia solo se traduce en salvar el alma, no deja de ser una cuestión personal de conciencia. No es la más valiente, pero eso ya es un problema de cada cual".

Escribe el periodista Villena que, en la conversación que sostuvo con el filósofo, este fue muy enfático al manifestarle que no le gusta usar la frase "necesidad de divulgación de la filosofía", ya que es su firme convicción de que "la complejidad de la filosofía hay que introducirla, pasito a pasito, y se ha de apelar a que se restaure una educación de la ciudadanía que abra los ojos de la gente.

De algún modo, hay que estimular la curiosidad que tenemos desde pequeños, porque hay niños con una exigencia prodigiosa de saber. En el discurso del niño, cabe percibir el meollo de algunas de las interrogaciones más elementales, y a la vez más radicales, a las que se enfrenta la humanidad.

También recuerda Gómez Pin la importancia fundamental que desde la primera infancia se comience la enseñanza seria de los dos lenguajes básicos, el materno (en nuestro caso, el español) y el matemático, que es, sin lugar a dudas, mucho más difícil y complejo.

El autor es profesor de filosofía jubilado
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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