FALTA DE SEGUIMIENTO A LOS PROGRAMAS.
Por qué no hay medicinas en la CSS
Giovanni Niedda Alvarado
opinion@prensa.com
Es un desastre lo que vemos en la Caja de Seguro Social (CSS). Es como un tsunami que llegó y desbarató programas, trabajos realizados, esfuerzos, actitudes y sentimientos. Recuerdo cómo, en octubre de 2003, después del colapso y la controversia con el director saliente, entró a regir una nueva administración dirigida por el Dr. Rolando Villalaz. Es de rigor recordar que su tiempo de acción fue escasamente un año, antes que llegara la administración PRD. Fue un rompecabezas de reingeniería para el Dr. Villalaz; un tiempo de reorganización acelerada; de presentación de esquemas renovadores, con un equipo de trabajo compuesto por 9 ó 10 directores nacionales, profesionales idóneos, no políticos, traídos de la empresa privada y las universidades de la localidad.
Fue un año de avances importantes en materia de prestaciones médicas, atención al cliente, armonía entre el personal médico y la administración y –como tema de suma prioridad– en la compra de medicamentos y su recibo oportuno.
Entre las acciones de la Dirección Nacional de Compras, hoy día desarticuladas, estaban: el contacto y la labor estrecha de coordinación con los proveedores de medicamentos (Aredis) y la Cámara de Comercio; la creación del Comité de Asuntos Prioritarios, que se sometía a la interrelación de jefaturas y direcciones de la CSS, Ministerio de Salud (Minsa), Contraloría y Ministerio de Economía comprometidas con las compras y su agilización bajo un consenso grupal; la capacitación frecuente de todos los funcionarios administrativos y de compras de la CSS, para la unificación de criterios normativos en materia de compras, entre otros; y el más importante tal vez, el programa extenso, trabajado con tesón, sobre la compra de medicamentos a través del precio único.
El 11 de febrero de 2004, recuerdo que, personalmente, asistí a la licitación por fijación de precios o precio único del Ministerio de Salud, cuyo resultado no dio visos de ser muy alentador debido a la cantidad de medicinas licitadas a la vez, como también a las cantidades irrisorias que deberían ser entregadas por el distribuidor a todos los rincones del país.
Fue un método de contratación no coordinado, por lo que hubo muchos renglones desiertos, muchos obviamente de oferta elevada y otros luego no entregados por las farmacéuticas. Al final, un fracaso.
Posteriormente se realizaron los ajustes necesarios cambiando el panorama de la compra–venta en una coordinación bipartita (Aredis/Cámara de Comercio y CSS) que tomó varios meses de trabajo, dando como resultado el planeamiento para alcanzar una meta segura para la compra de medicinas e insumos, que no podía fallar: el "precio único de la CSS".
Hubo reuniones de perfeccionamiento desde marzo hasta junio de 2004. En ellas se acordó, principalmente, que la CSS recibiría los medicamentos y correría con la distribución general. Se realizó la licitación el 12 de julio de 2004, inicialmente con 15 medicamentos de uso masivo por un monto de un millón 861 mil 212 dólares, para continuar luego con 75 y así, progresivamente, hasta completar el cuadro básico de medicinas de la CSS.
En septiembre de 2004 llegó el nuevo gobierno y todos fuimos destituidos. El nuevo director de Compras anuló los planes de precio único y diseñó el nuevo plan de compras idéntico al del Minsa, atrasando tres años y medio la adquisición oportuna de medicinas. Todo el plan de compras fue echado por tierra, así como la mayoría de los programas por implementar de la CSS. No me dejarán mentir los actuales funcionarios de las direcciones de Compras y de Abastos, que deberán ser recompensados algún día, que trabajaron con ahínco, sin politiquería y en la armonía debida, para coordinar con los empresarios el plan común que abastecería de medicamentos a la CSS en un 100% en menos de dos años.
Aún así, fuimos severamente fustigados por las televisoras y periódicos afines al PRD, quienes ahora están silenciosos con relación al desastre actual de desabastecimiento de medicinas y la corrupción institucionalizada y rancia, la cual por el desinterés existente se ha ido acrecentando para beneficio de los malos panameños y en detrimento de los jubilados, la gente pobre, los diabéticos, los que padecen de los riñones, del corazón y del sida.
El autor es ingeniero y ex director nacional de Compras de la CSS
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