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Panamá, domingo 25 de mayo de 2008
 

ANSIAS DE PODER.

¡Yo quiero ser candidato!

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Siempre me he preguntado qué tendrá de bueno ocupar cargos de elección popular. Me llama la atención cómo se lucha por alcanzar puestos que, una vez ocupados, prácticamente garantizan ser blanco de críticas, burlas y cuestionamientos de corrupción, falta de transparencia o maleantería común y corriente.

Con esto de las elecciones primarias, nuestras calles están invadidas por fotografías de todo tipo de gente que busca ocupar cargos de lo más variado dentro de la cadena alimenticia de la política. Así, tenemos desde los precandidatos presidenciales que nos inundan con fotografías con sonrisas (y algunas otras cosas) falsas, los alcaldes, los diputados y los representantes de corregimiento. Algunos, supongo que son muy conocidos en su casa a la hora de la cena y otros son ya caras repetidas que llevan varias elecciones intentando alcanzar alguno de estos puestos tan codiciados.

Aún es comprensible que alguien que nunca ha ocupado estos puestos pretenda llegar a ellos pero, que un diputado de nuestra Asamblea, de quienes no solo se han cuestionado sus acciones, se les ha acusado de vagos, de ignorantes y de corruptos, quiera seguir sentado en una curul es verdaderamente increíble (aunque pudiera calificarse también como sospechoso). Así, prácticamente todos nuestros padres y madres de la patria (para ser políticamente correctos) están aspirando a ser reelegidos. Algunos por el mismo circuito, otros se mudaron a donde nadie los conoce (será para embaucar a otros) y otros, aún peor, demostrando una profunda convicción ideológica al brincar de un partido a otro como quien se cambia de calzoncillos.

Las opciones para luchar tan vehementemente por un puestecito pueden ser varias. Por un lado, el sueldo. En el caso de los diputados pienso que es inmerecidamente alto pero, además, da la posibilidad de manejar una planilla donde existe siempre la opción de nombrar a algunos familiares, amigos y amiguitas. Los representantes, manejan el presupuesto de inversión social de su corregimiento aunque, según se ven las cosas, no debería extrañarnos que los diputados, en los próximos meses y encabezados por su flamante presidente, vuelvan a implementar las descaradas partidas circuitales, que constituyen el acto de descaro político más grande del mundo.

Estas "partidas" son la forma como estos señores utilizan nuestros impuestos para hacer cosas totalmente ajenas a sus funciones con el único objetivo de politiquear y abonar el asqueroso clientelismo que nos tiene sumidos en una inmadurez política que, si seguimos cultivándola, terminará llevándonos a una catástrofe como la de Venezuela, donde cualquier pseudo–gorila con gorrita de colores llega al poder en unas elecciones y después se da a la tarea de hundir al país gracias a un irresponsable populismo, matizado por actos propios de un enfermo mental con ideas delirantes. Y no dudemos que, en Panamá, existen baluartes del supuesto "movimiento popular" que estarían dispuestos a ofrecerse para ser el Hugo Chávez o el Evo Morales de la tierra canalera. Y, si bien Panamá no es un país con petróleo para conseguir dinero a raudales, somos un país con un Canal que, en los próximos años, y cuando se termine la ampliación, debe producir mucho dinero, que estoy seguro sería un apetitoso botín para cualquiera de estos señores.

Pero los precandidatos a la presidencia, son otra cosa. Esos manejan presupuestos inmensos desde la campaña. Solo tenemos que ver la alegría con la que gastan dinero algunos de ellos que, si pensamos en lo que han hecho toda su vida, complica bastante encontrar una fuente "normal" para semejantes fortunas. Y que conste, en ese sentido, opositores como Martinelli, Varela, Vallarino y Ameglio (por seguir el orden de la última encuesta) cuentan con fortunas personales que les permiten financiar esas campañas (y muchas otras) sin problemas. Desgraciadamente, no puede decirse lo mismo de los dos principales candidatos del PRD, quienes han dedicado su vida principalmente a la política y que, si analizamos lo que han ganado en función de salarios, pues obligan a preguntarse: ¿de dónde sale tanta plata? (y que la gastan como si fuera de ellos).

Pues la respuesta lógica es que proviene de donaciones que, lógicamente, no van acompañadas de la obligada declaración de quiénes y cuánto donan para cada campaña. Francamente, con todo lo que se habla de combatir la corrupción y defender la transparencia, es vergonzoso cómo se esconden los nombres de los donantes, lo que hace pensar que, posteriormente, pudiera recordarse ese "apoyo" a cambio de alguna que otra concesión o "favorcito". Como ya he mencionado alguna vez, creo que ese misterio en relación a los donantes de campaña, ha sido la asignatura pendiente más grave en un gobierno que tenía como uno de sus lemas "cero corrupción".

Lo más triste, es que entre los individuos que vemos colgados en cualquier poste (no suena mal ¿verdad?... ) no podemos decir que haya muchos nombres de personas que se destaquen por su interés social, su esfuerzo personal por el prójimo o su recta trayectoria pública. Es más, pareciera que cada vez que una persona decente comete la osadía de incursionar en la política, el sistema mismo lo ataca tratando de dañar su imagen, pero no para afectarlo a él, sino para asegurarse de que, en el futuro, ninguna persona decente pretenda invadir la cueva de Alí Babá en que se ha convertido nuestra clase política…

El autor es médico
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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