SALUD PRIVATIZADA.
Un necesario cambio de eslogan
Jorge Molina Mendoza
opinion@prensa.com
Dado lo avanzada que ya está la contienda política en nuestro país, considero conveniente estas líneas para pedirle a los candidatos que se postulen para ocupar cargos de elección popular, que cambien una frase que seguramente formará parte de todos los discursos que escucharemos. Se trata del eslogan que de, ser elegidos, "la Caja de Seguro Social no será privatizada".
Este eslogan, en mi opinión, es un sofisma que los políticos, partidistas o gremiales, difunden cínicamente. Concretamente lo que ensayo en este artículo de opinión, es que no me engañen más con la afirmación de que la CSS o, incluso, el propio servicio público de salud no será privatizado. Y es que no puede privatizarse lo que ya ha sido privatizado hace muchos años.
En este punto, quiero aclarar que mi opinión no conlleva la imputación única de culpa de lo que afirmé antes, al actual gobierno; el acuse en cuestión, es extensivo también a los que le precedieron. Tampoco es una defensa en favor del gremio de médicos; ello porque también cabe que cargue con alguna parte de la responsabilidad del fenómeno que afirmo existe.
La premisa que utilizo como base para el aserto hecho anteriormente, de que la CSS ya está privatizada, condición que comporta la totalidad del servicio público de salud, es que por la deficiencia que existe en las prestaciones estatales en materia de salud, personas que están destinadas a ser atendidas por el servicio público de salud, se ven "obligadas" a recurrir a terceros, o personas no estatales, en búsqueda de saciar sus necesidades de salud. No dudamos de que oficialmente, el citado servicio público de salud no puede ser privatizado; toda nuestra normativa está estructurada para evitar ello. Se trata, como dije, de que por la ineficiencia cuando no ineficacia del servicio público de salud, los "asegurados que cotizan" (no incluyo a las personas que no cotizan, pero que por la conformación del sistema son beneficiarias de las prestaciones de salud de la CSS), y los no asegurados, carezcan de otra alternativa que no sea acudir a entidades privadas de salud.
Para sustentar la petición que dirijo a los candidatos en este artículo, preciso lo siguiente: no hay discusión en que las dos columnas del servicio público de salud, lo constituyen la CSS y el Minsa; dado lo anterior, ambas entidades ofrecen a la población, en cumplimiento de deberes constitucionales y legales, prestaciones de salud; las infraestructuras de las entidades de salud de ambas instituciones se caracterizan, por ser incompletas, deficientes y precarias. Solo cabe advertir el hecho cierto e indiscutible, de que el hospital más grande del país, bajo la rectoría de la CSS, carece de ascensor principal. Es común que los pacientes tengan que convalecer en camas oxidadas, con abanicos particulares para mitigar el calor natural de nuestra tierra y un grado indignante en cuanto a la preservación del pudor de cada paciente.
Los insumos con que trabajan los médicos, no alcanzan o no existen; en no pocas ocasiones, estando las personas hospitalizadas, tienen que adquirir medicamentos indicados para su curación, porque la CSS no los provee o si lo hace, no los tiene en ese momento. Igual es en los hospitales del Minsa. También resulta que los insumos o equipos utilizados, no son de la calidad que se requiere. En esto no acepto discusión. Quien considere lo contrario debe antes explicar dos graves acontecimientos: el triste episodio de los quemados por radiación en el ION y los envenenados de la CSS; además de la displicencia padecida por los pacientes a cargo del personal médico y administrativo de las entidades en cuestión.
Para continuar, es sumamente importante destacar que las personas que acuden ya sea a la CSS o a los hospitales del Minsa, pagan por ello, así sea poco, pero pagan. En otras palabras, ellos no reciben nada gratis. Ya han pagado por los servicios que requieren; para ello son los impuestos y las cuotas que se destinan a la CSS. Así, resulta inexplicable que lo que antes señalé, suceda. Frente a lo anterior, ¿qué le queda a personas que con excedente en sus ingresos, y en muchas ocasiones sin él, asegurados o no por la CSS, requieren de servicios médicos? Su solución es acudir a centros médicos privados, adquirir medicamentos de farmacias privadas porque el Estado no los provee o bien pagar por caros exámenes a fin de obtener un diagnóstico.
Para evitar filas desde la madrugada con el fin de ser atendido en mucho tiempo después, vale la pena volver a pagar por servicios médicos, en este caso, privados. En estos casos, el precio que ya pagué por el mismo servicio que debo recibir del Estado, no lo utilicé. ¿Dónde queda? ¿Se pierde? En últimas, dado que se me obliga a acceder a servicios médicos privados, me resulta privatizado el servicio público de medicina. Con esto, he probado mi afirmación inicial: ya la CSS y los hospitales del Minsa, están privatizados. Si no fuese así, qué explicaría la existencia no de hospitales privados sino de clínicas populares en el centro de la ciudad de Panamá; en algunos casos, al lado del nosocomio público. O, que ninguno de quienes ocupan medianos cargos de importancia en el sector público, solo accedan a hospitales privados.
Afirmar bajo el contexto anterior que como promesa de campaña, los candidatos se comprometen a no privatizar la CSS ni los hospitales del Minsa, resulta perpetuar lafáctica privatización del mencionado servicio público. No me engañen más. Lo que quiero escuchar es lo otro; que harán lo posible por que vuelva a ser público en su totalidad, el servicio público de salud. Que desaparezcan todos los males que antes mencioné.
El autor es abogado
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