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Panamá, sábado 24 de mayo de 2008
 

DISCURSOS UNITARIOS.

Los debates

1029657Carlos Iván Zúñiga Guardia
opinion@prensa.com

Al aceptar las recomendaciones de muchas personas, tres candidatos presidenciales del Partido Panameñista fueron protagonistas de dos debates públicos. Las intervenciones de Marco Ameglio, Juan Carlos Varela y Alberto Vallarino las escuché con muchísima atención. Debo confesar que al finalizar cada encuentro quedé satisfecho porque hubo en los actores fluidez en el discurso, malicia ante la intención malévola de algunas preguntas y porque prevaleció el vehemente deseo de no lastimar la unidad interna del partido.

En cuanto a la fluidez del discurso es correcto observar que los tres candidatos sorprendieron por el buen manejo de la palabra y de los temas. La oratoria fue espontánea y ninguna pregunta fuesoslayada, salvo la dirigida a colocar como centro de la tertulia la obra gubernamental de la presidenta Moscoso o la dirigida a discutir la personalidad de Balbina Herrera, atendiendo su origen humilde. Fue enfático Vallarino al expresar que lo que importa para escalar las posiciones políticas es la trayectoria de toda una vida. Los candidatos supieron ubicar lo troncal del debate en el mundo de sus intereses políticos.

En la primera presentación, tan enmarcada en breves espacios, sobresalieron los revuelos y era imposible demandar mayor profundidad en los contenidos. Así mismo, la esquemática divulgación de los problemas nacionales puso de relieve la carencia de soluciones concretas o al menos del cómo abordar dichas soluciones. Porque no basta con insinuar las morosidades sociales, el estadista debe tener previsto o estudiado la cuantificación de los costos y el cómo ponerle hombro al empeño rectificador.

Esta asignatura pendiente debe resolverse en los próximos encuentros, tal vez con más efectividad y provecho cuando el cara a cara sea con los candidatos presidenciales definitivos. Esto produciría realmente un debate; es decir un lance polémico que determinaría la diferencia programática, ideológica y hasta intencional de los candidatos. Es en base a esa diferencia como se van alineando las adhesiones electorales.

Es importante remarcar esa diferencia porque se llegaría a saber si acaso es cierto o falso que los candidatos de todos los partidos son o no los mismos con las mismas.

Existe un tema político que serviría para determinar la diferencia entre unos y otros. Es un tema que en los debates ya desarrollados no se ha tocado en ninguna de sus aristas. Lo que es peor, ni siquiera ha brotado de las preguntas de los organizadores de los eventos o del público. Me refiero a la remilitarización de la Fuerza Pública. Se trata, según parece, de algo misterioso, intrincado, ubicado por influencias exteriores en problema intocable.

En los próximos encuentros deben ser eliminados los comentaristas que luego de terminado el acto formulan sus críticas y obtienen sus resultados. Generalmente carecen de objetividad y suelen transmitir sus preferencias premeditadas al auditorio, con lo cual se aporta una contribución negativa y sesgada. Es lo que suele ocurrir en la sala de jurados una vez cesan las intervenciones de las partes. En las deliberaciones surgen jurados espontáneos que asumen el papel de fiscal o de defensor y desarrollan una disección severísima del juicio tan parcial que muchas veces tiene más poder de convicción que la palabra de la defensa o la del fiscal. Esa no debe ser la función del comentarista en los debates pendientes.

En el sistema español, luego de terminada las intervenciones de los candidatos, un grupo de comentaristas formado por representantes de todos los partidos comprometidos con los candidatos es el que se encarga de enjuiciar la participación de los presidenciables. Al menos hay una palabra representativa de los protagonistas principales.

En resumen, estos choques verbales son indicadores de madurez política y democrática. Deben continuarse, dando más tiempo a cada intervención. Un debate perfecto fue realizado en la Universidad de Panamá en 1984 con la presencia de todos los candidatos presidenciales. Toda contienda pública tiene sus ventajas y también sus desventajas. La prensa calificó mi intervención como de primer orden. Los universitarios me sacaron en hombros al terminar el acto. Esa fue su ventaja. Pero al día siguiente todos los partidos atacaron ferozmente mi candidatura. Esa fue la desventaja.

En los encuentros ya entre los candidatos definitivos del Gobierno y de la oposición, los triunfadores de cada debate deben estar preparados para hacerle frente a las piedras verbales de los adversarios.

Fundado en las experiencias califico las intervenciones de los candidatos panameñistas como excelentes, con triunfos parejos. Es que tuvieron el especial cuidado de no fraccionar, de no convertir en una olla de grillos la comparecencia de cada uno ante los televidentes del país. Y cuando se suma y no se fracciona el triunfo es colectivo, colectivo para los candidatos y colectivo para el partido que representan.

Si ayer, Ameglio, Varela y Vallarino fueron excelentes en la forma, formulo mis votos porque mañana sean excelentes en el fondo. Es la oportunidad de oro para perfeccionar la victoria de una causa.

El autor es abogado y fue rector de la Universidad de Panamá
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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