Lo que en sus orígenes fue una iniciativa encaminada a controlar el humo y sus efectos secundarios a los fumadores pasivos, hoy es una decepción. Sin duda, leyes como esta –que pretenden un cambio en los hábitos de muchos panameños que fuman– requieren de una masiva campaña de divulgación, pero las autoridades no han logrado educar a la población sobre su alcance.
Por causa de este desconocimiento es que se aprovechan aquellos que son los que deben cumplir la ley. En consecuencia, lo que pretende la legislación supone una gran falacia porque sencillamente el Estado no tiene capacidad para hacerla cumplir a cabalidad. Lamentablemente, este es el típico ejemplo de leyes cargadas de buenos deseos, pero que al final se convierten en proyectos retóricos.
Por un lado, los ciudadanos debemos estar conscientes de que debemos comportarnos como dice la ley, pero por el otro, el Gobierno debe mostrar, más que sus buenas intenciones, un verdadero compromiso con su ejecución. En ello está el resguardo a nuestra propia vida.
|