INSEGURIDAD. El muro que rodea el mercado de abastos subirá cuatro metros más.
Productores se quedan sin espacio
Los vendedores dicen que se requieren mejores instalaciones, con más seguridad, para evitar robos.
Quienes compran allí aseguran que, en general, los precios son baratos, pero la suciedad del área persiste.
| LA PRENSA/Carlos Lemos |
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| realidad. En el Mercado de Abastos se apiñan muy temprano los vendedores que, en muchos casos, son también quienes cultivan y cosechan sus tierras.1027284 |
José Somarriba Hernández
jsomarriba@prensa.com
En el Mercado de Abastos de Curundú la jornada empieza muy temprano.
Desde las 3:00 de la madrugada, el ruido de la venta empieza a esparcirse y los primeros regateos calientan la fría mañana.
Todo ocurre en un terreno de cuatro hectáreas que, con el paso de los años, se ha quedado chico para los 800 verduleros, fruteros y vendedores de legumbres que se juntan todos los días para ofrecer los colores y sabores de la campiña panameña.
Administrado por el Municipio de Panamá, quienes compran allí aseguran que los precios son inigualables. "Aquí se encuentran los productos agrícolas más baratos que en cualquier otro lugar", cuenta Juan Quintero, asiduo comprador.
Pero en lo que respecta al aseo, Quintero opina que la Alcaldía sigue en deuda, tanto con los consumidores como con los vendedores.
"Hay áreas muy sucias", dice, y se acuerda del sector donde venden las sandías. "Eso es un orinal público... No se aguanta el hedor y los piñeros tienen que soportar un tremendo sol... Es algo inhumano", se lamenta.
Los extraviados
Hace unos días, apenas el 10 de mayo, Miguel Ángel Calvo estaba como siempre en su puesto de venta de plátanos cuando un auto llegó, "se bajaron unos tipos con armas y le robaron a los ‘yuqueros". Todavía impresionado, Calvo dice que hace falta seguridad.
Él es uno de los varios productores que desde hace unos meses están en la parte exterior del mercado, hacia el lado del Ministerio de Obras Públicas, luego de que en febrero comenzaron unos trabajos de mantenimiento y ampliación de la galera en la que estaban.
"Nos sacaron hace cuatro meses para arreglar la galera y aquí estamos todavía, expuestos al sol. En cinco días nos han robado tres veces", protesta Eliécer, quien, como Calvo, vende plátanos que le traen desde la tierra caliente de Puerto Armuelles, en Chiriquí.
Sin embargo, el administrador del lugar, Eduardo Herrera, sostiene que algunos vendedores no quieren entrar a los linderos del mercado "porque les tocaría pagar. Igual tenemos que recogerles la basura y nos preocupa su seguridad, pero eso está fuera de nuestra jurisdicción".
Los de adentro
Desde Río Sereno, en la provincia de Chiriquí, Jorge Serrano trae sus tomates, pepinos y ajíes para venderlos en la ciudad.
Antes, dice, mandaba a alguien más para vender la mercancía, pero el aumento de los costos de producción, de transporte y los problemas con las ventas lo obligaron a convertirse en vendedor.
"He tenido que trasladarme hasta acá para comercializar mis productos. Antes enviaba la carga y teníamos problemas con el peso y con los precios en que se vendían, pues no coincidían con la realidad del mercado", explica Serrano.
Algo parecido hace Jorge Henríquez. "Siembro, cosecho y vendo mis sandías y melones", cuenta, porque los intermediarios se quedan con la mayoría de las ganancias y los productores salen perdiendo.
Por el espacio que ocupa, Henríquez paga 93 dólares mensuales. "Pero el mercado se ha quedado chico y necesitamos mejores instalaciones, más limpias y con más seguridad", menciona este productor de Juan Hombrón, en Antón, en la provincia de Coclé.
Precisamente, el subgerente de Mercados de la Alcaldía de Panamá, Rafael Atencio, dice que están a la espera de que el Ejecutivo apruebe la donación de un área de casi una hectárea –contigua al mercado– en la que antes se reparaban los autos de la Autoridad del Canal de Panamá.
Pero Jhonny Fuentes no tiene muchas esperanzas en esto, porque hace "dos años que estoy escuchando que van a donar el lugar y todo sigue igual".
Así, mientras algunos piden regresar a su galera y otros cuentan las peripecias que deben hacer para redondear el negocio, Atencio asegura que a lo interno del mercado ya se han hecho mejoras en aspectos básicos como la pavimentación de las calles internas, la iluminación del área y la colocación de un nuevo techo en el edificio 0640, en donde se venden tomates, chayotes y cebollas. Todos esto ha costado 230 mil 597 dólares.
Para reducir los atracos –al menos en el interior del mercado– se subirá otros cuatro metros más el muro de 4.50 metros que lo bordea y que lo separa del paupérrimo barrio de Curundú.
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