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Panamá, viernes 16 de mayo de 2008
 

EJECUTORIAS.

Conocer a los candidatos… y luego decidir

Eduardo A. Reyes Vargas
opinion@prensa.com

Dentro de un año elegiremos un nuevo Presidente, legisladores, representantes de corregimiento y alcaldes en un acto cívico de mucha responsabilidad, por lo que nuestros electores –independientemente de su filiación o inclinación política– deben investigar a los candidatos, más allá de sus ofertas electorales o programas de gobierno. ¿Por qué?, porque por sus obras lo conoceréis.

Los candidatos pueden tener una buena presencia, una oratoria excelente y presentar ofertas quiméricas, pero si su conducta ciudadana en el desempeño público o privado ha tenido o tiene manchas por faltas a la ética u otros actos de corrupción, de seguro que por encima de lo que plantean, las acrecentarán (no las virtudes por supuesto).

Por eso, en sus disertaciones deben explicar el ¿cómo? harán todo lo que prometen. Es decir, deben explicar cómo disminuirán el costo de la canasta básica, incrementarán los salarios, establecerán sistemas de transporte seguros y eficientes, dotarán al país de una provisión de servicios a la salud y contra la enfermedad, implementarán políticas de distribución de medicamentos que abaraten los costos; y cómo harán para limitar la charlatanería en los medios, con propaganda engañosa en materia de remedios, hierbitas, etc.

También deben explicar cómo harán para proporcionar alimentos saludables a la población y abaratarán los costos de producción; aumentarán los espacios verdes para la práctica del ejercicio físico; fortalecerán la carrera administrativa, disminuyendo el clientelismo político; descentralizarán el sistema público; revisarán los contratos de luz y telefonía con las empresas extranjeras; conservarán el medio ambiente; fortalecerán la justicia, las políticas de seguridad alimentaria, la preservación del agua, la seguridad ciudadana, la transparencia y el acceso a todos los documentos públicos, que no implique seguridad nacional; cómo harán para que el pueblo tenga acceso a esos documentos y a todos los procedimientos, reglamentos, normas que tienen las instituciones públicas para su funcionamiento.

Los candidatos deben explicar cómo asignarán los presupuestos –que se nutren con nuestros impuestos– para distribuirlos de formas equitativa; cómo evaluarán muchas de las instituciones que se han creado por capricho o imitación extranjera, que no cumplen funciones vitales en la sociedad y son una carga para el Estado.

Los aspirantes deben enunciar sus tareas, actividades políticas, leyes o decretos, etc., que marcarán la ruta para el logro de esos objetivos. Con ese fin, tendrán que organizar fuerzas de tareas multidisciplinarias que construyan esos anteproyectos y no esperar hasta la toma de posesión. Es decir, tener iniciativa, creatividad y poner al nuevo gobierno a trabajar desde el primer día.

Si son adinerados, deben explicar el origen de su riqueza, máxime en un mundo que cuestiona aquellas fortunas que surgen, como un boom, de la noche a la mañana o cuyos orígenes no son claros, salvo que se hayan ganado todas las loterías de Panamá.

Los candidatos deben revelar el nombre o los nombres de quienes le apoyaron financieramente en su campaña y, de ser posible, en el caso de los candidatos presidenciales, los nombres de quienes ocuparían las carteras de Educación, Salud, Vivienda, Obras Públicas y, por supuesto, del Ministerio de Planificación, lo que daría luces sobre los verdaderos propósitos de gobernar o legislar. Su verdadero compromiso social.

En el caso de los diputados o representantes que solicitan la reelección, tenemos que evaluar cómo ha sido su participación real en la solución de los problemas que aquejan a la sociedad panameña, cuáles han sido sus iniciativas legislativas y si han apoyado o no la aprobación, a tambor batiente, de leyes que no benefician a los ciudadanos. Por supuesto, también tenemos que evaluar su asistencia a la Asamblea, a los Consejos y sus contactos con la comunidad, solicitando orientación y consejos.

Algo importante a analizar, es si han sido consecuentes con sus principios políticos e ideológicos o si, contrariamente, han imitado a los monitos saltando de árbol en árbol, cambiándose de partido en partido.

En fin, es hora que los electores pensemos como ciudadanos y no como clientes políticos. Que estudiemos a fondo a cada candidato, y que desechemos a todos aquellos que no llenen nuestras expectativas.

¿Será esto posible o seguiremos el sainete y la tortura de esta "democracia?’’.

El autor es médico
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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