DESDE EUROPA.
Los diarios de Husein
Camilo José Cela Conde
El periódico Al–Hayat, propiedad de un jeque saudí y, por ende, de tendencias panarabistas afines a la causa de la Arabia Saudí, ha publicado en su edición londinense unos extractos de los diarios que escribió Sadam Husein estando preso. El valor literario y aun histórico de los cinco volúmenes que llegó a redactar Husein no parece ser muy alto. Por contra, las páginas proporcionan un retrato interesante de lo que pasaba por la cabeza del sátrapa iraquí.
Llevar un diario cuando te encuentras en la cárcel, estás siendo juzgado y sabes que te van a condenar a muerte es una forma declarada de exhibirte ante el mundo escenificando tu despedida ideal. Husein sabía de sobras que escribía para las multitudes –árabes, en primer lugar– y, así, cuida la prosa destinada a complacer a sus fieles. Firma de continuo como "presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas", coletilla un tanto enojosa de añadir cuando se escribe a mano salvo que se quieran dejar muy claras las formas. ¿Y en qué consisten éstas? En reafirmar, una y otra vez, su carácter de figura histórica, de elegido de los dioses, de sostén y guía de su pueblo. De personaje excepcional que, para bien de la humanidad, ha de perpetuarse dejando su huella en el mundo. Husein solicita, pues, permiso a sus carceleros para engendrar hijos, tres en concreto, a los que pondrá el nombre de sus hijos, Udai y Qusai, y su nieto Mustafá. No queda claro cómo hará para seducir, cortejar y convencer de la oportunidad de la boda a su futura mujer, pero imagino que semejantes detalles son superfluos para quien se cree un héroe venerable.
El dictador derrocado exigía flores para decorar su celda y, sobre todo, dejaba muy claro que su ropa no debía ser lavada y tendida junto a la de sus carceleros, no le fueran a contagiar éstos el sida. Semejante ignorancia acerca de las precauciones higiénicas a tomar, conmueve. Lo hace aún más la idea de que Husein creyera que iba a tener tiempo suficiente como para infectarse y sufrir la enfermedad. Por cierto, ¿cuánto se tarda en concebir tres hijos, incluso si se hace en paralelo y no en serie? Pero con tales pejigueras nos olvidamos del carácter retórico de un diario nada íntimo como es el que el sátrapa escribió. Salvo el detalle de las flores, todo lo demás pertenece al terreno del trastorno mental. De uno muy común entre los próceres, que les hace verse a sí mismos como figuras excelsas, deseables, como verdaderos regalos para el pueblo que les aclama con fervor.
Al–Hayat nos ha brindado un regalo al poner de manifiesto las miasmas del carácter de Husein, de su manera de verse a sí mismo. Los psiquiatras estarán, imagino, encantados. El modelo del megalomaníaco de mente retorcida se confirma, aunque tampoco era necesario llenar cinco volúmenes para lograrlo. Los discursos, las actitudes, las entrevistas y aun los comentarios a vuelapluma de los próceres se bastan por sí solos para ponernos al tanto.
El autor es escritor
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