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Panamá, domingo 11 de mayo de 2008
 

CHILE. VISTAZO DESDE EL AIRE.

Marcados por la ceniza del Chaitén

Chile es un país marcado por terremotos, con la segunda cadena volcánica más grande y activa.

‘Se puede apreciar claramente la gran cantidad de cenizas que baja por el río Blanco’.

REUTERS/Iván Alvarado
MORTAJA. Los campos aledaños al volcán aparecen cubiertos de un espeso manto de cenizas1024059
CHAITÉN, Chile/REUTERS

En un sobrevuelo de un avión de la Fuerza Aérea de Chile pude dimensionar la magnitud del daño ecológico que ha dejado la erupción del volcán Chaitén en una zona casi inexpugnable para el hombre, que está rodeada por bosques, islas, fiordos y golfos.

Pero más impresionante, por no decir sobrecogedor, es cuando el piloto del avión, en una brusca maniobra de ascenso, decide cruzar por algunos minutos una densa barrera de nubes que cubre toda la zona para alcanzar cielos despejados y ver al frente un hongo de gases y material pirocláctico que alcanza una altura de 15 a 20 kilómetros.

La nube tóxica, que dejó mudo a los pasajeros de la aeronave, solo se asemeja a una bomba atómica, la diferencia es que aquí la energía liberada es permanente.

El material escala como un efecto dominó por los cielos y también hacia los costados, con la fuerza que se le plazca. Es por lejos el mayor desastre de la naturaleza que me ha tocado presenciar, en un país marcado por terremotos y que posee la segunda cadena volcánica más grande y de mayor actividad en el mundo después de Indonesia. En el sobrevuelo, uno es testigo de que tan potente como la nube tóxica es la estela o "pluma" que deja el Chaitén, ya que el material expulsado se suma a un camino ya trazado por los vientos en el cielo con dirección este, viajando cientos de kilómetros hasta perderse en territorio argentino. La pluma que deja el volcán es tan densa que el piloto prefiere no cruzarla para completar la vuelta alrededor del hongo. Opta, en cambio, por hacer maniobras en 180 grados ida y vuelta en varias ocasiones, con el fin de poder dimensionar la fuerza de la naturaleza y de un volcán del que no hay registro eruptivo y que quizás habría tenido actividad hace unos 9 mil años, según cálculos de vulcanólogos.

DESASTRE ECOLÓGICO

Desde el aire se pueden apreciar las decenas de islas cubiertas de una espesa vegetación, bosques y un océano rico en especies que ha dado paso a una de las mayores zonas productoras de salmón del mundo. Sin embargo, cuando faltan menos de 10 minutos para llegar a Chaitén, abajo el panorama es desolador, en un aviso de que el desastre ecológico que ha dejado hasta ahora el volcán demorará años en recuperarse o incluso, como dicen expertos, sería irreparable, especialmente en la frontera entre Chile y Argentina.

"Se puede apreciar claramente la gran cantidad de cenizas que baja por el río Blanco. No puedo dimensionar los efectos ecológicos de todo esto, pero no pierdo la esperanza de poder volver a Chaitén y comenzar todo de nuevo", aseguró José Miguel Fritis, alcalde de Chaitén.

Las jaulas marinas, con cultivos de salmones y otras especies, están rodeadas por una estela blanca, asociada al material particulado que ha caído del volcán en el mar. También el verde de las aguas rápidamente cambia a un color turbio, mientras los ríos de aguas azules más cercanos al macizo bajan por estos días de color blanco. Los bosques y praderas perdieron su color tradicional.

En el (que ahora es el despo- blado de) Chaitén, el suelo y los techos de las casas dan la impresión que se han cristalizado con una dura capa de cenizas, mientras perros y caballos transitan en lo que hoy es un pueblo fantasma que está a la deriva de la naturaleza.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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