Resulta chocante ver lo que algunos inversionistas y empresarios están haciendo con nuestro país. No basta con devastar áreas verdes en el centro de la capital, sino que ahora también se están apropiando de manera despiadada e incontrolada de los pulmones de la ciudad, sin que la mano les tiemble ni a ellos ni al gobierno para firmar contratos que les permitan cambiar las reglas a su entera conveniencia.
Y ahora las áreas verdes protegidas pasarán a ser lujosas, pero grises zonas residenciales. Algunas compañías parecen ignorar deliberadamente que es imprescindible, para la vida y funcionamiento del Canal de Panamá, que exista alrededor de este una vasta cuenca que asegure una provechosa estación lluviosa o aire puro para nuestro país y el resto del planeta.
Por ello, cabe preguntarse ¿cuál es el beneficio de estas inversiones millonarias cuando el costo es la destrucción del medio ambiente? Las autoridades son custodio de nuestros recursos naturales, pero su comportamiento solo delata su desatinada complicidad.
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