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Panamá, sábado 10 de mayo de 2008
 

Plano urbano
Los edificios de la Ave. Balboa

1023265Rodrigo Mejìa-Andriòn
negocios@prensa.com

OPINIÓN. Después de 14 años de manejar una empresa de inversionistas extranjeros, en 2004 decidí reabrir mis oficinas de arquitectura, y con dos experimentados socios nos instalamos en un "hermoso" edificio del área bancaria, con fachadas de puro vidrio, sin posibilidades de abrir ventanas, pero atractivas porque se encontraban totalmente equipadas hasta con electricidad e internet.Soportamos con estoicismo el calor recibido por los enormes ventanales, especialmente por el sol de la tarde, pese a las gruesas cortinas que en algo nos aliviaba, cortinas que irónicamente nos tapaban la vista que supuestamente los ventanales nos iban a brindar.

Hoy estamos en un edificio de La Exposición, con pocas ventanas que sí podemos abrir y así disfrutar de una deliciosa brisa marina, protegidos del ingreso directo del sol por un afortunado balcón. Es la clase de oficina que buscábamos, donde estamos bajando en forma notable el gasto en luz y energía. Desde mi oficina al mirar hacia al mar, alcanzo a ver varios edificios de la avenida Balboa que me impresionan y me perturban por su poca agradable proporción. Parecen lápices parados, con posibilidades de que un pequeño soplo los eche abajo.

En arquitectura, siempre afirmamos que más que el tamaño de los objetos, la proporción es lo vital. Una mujer pequeña, pero bien proporcionada, llama tanto la atención como una de altura normal o mucho más alta, si mantiene proporciones apropiadas. Una mujer de cualquier tamaño, pero no bien proporcionada, no atraerá muchas miradas.

La falta de limitar las alturas de los edificios en Panamá, parece una falla de los organismos reguladores: el Ministerio de Vivienda y, hoy también, la Junta Municipal de Planificación. No necesitamos tanta altura que nos impida la vista de, por ejemplo, nuestro amado cerro Ancón. Me comentaba en días pasados el ingeniero Roberto Cerrud, destacado ingeniero electromecánico, que esos edificios tan altos impedirán que entre la refrescante brisa marina, la que se elevará, pasará por encima e irá hacia cerro Azul, donde menos hace falta. Otro "problemita" que ellos acarrearán será la eliminación del ingreso de sol en demasiadas áreas de la ciudad, que mucha falta se sentirá en nuestra húmeda capital.

Edificios tan altos y tan delgados, para que resistan vientos y temblores, requieren un refuerzo adicional cada tantos pisos, más o menos cada 20, una inmensa viga que altera la fachada. Esta viga, sumamente costosa, la vemos en esos edificios altos y desproporcionados en la avenida Balboa y en la entrada de Costa del Este. Son requerimientos estructurales innecesarios en edificaciones de menor altura o de mayor ancho. En la muy ordenada Guayaquil, pregunté a los arquitectos cuántos pisos tenía el edificio más alto y me contestaron que 32 pisos, y se trata de un edificio localizado en la vía paralela al río Guayas.

Recuerdo que en un sesudo artículo del Dr. Nicolás Ardito Barleta, al comentar sobre la altura de los edificios en Panamá, proponía que se fijara en 50 pisos el límite de las alturas permitidas, ya que nuestro país no carece del espacio necesario para alojar a la creciente población.Ya son muchos los arquitectos y urbanistas que en distintas reuniones y foros opinan que nuestras ciudades deben dejar de construir urbanizaciones de casitas, para levantar edificios formando agrupaciones con muchos servicios y negocios que resuelvan parte de las necesidades de traslado de sus habitantes. Esto también contribuiría a no alejar innecesariamente a sus habitantes de los empleos. Son fórmulas que bien merecerían estímulos fiscales e intereses preferenciales. Dios ilumine a nuestros gobernantes.

El autor es arquitecto y asesor de inversionistas en bienes raíces.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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