La cifra produce escalofríos. El número de personas afectadas por el dietilene glycol podría alcanzar los 6 mil. Sin duda, sería una tragedia de ribetes extraordinarios, pues nada en Panamá es comprable a un accidente de semejante envergadura.
Y lo que es peor, pone en entredicho todo el sistema de salud, pues las dudas y el miedo se han apoderado –y con justa razón– de los usuarios de la Caja de Seguro Social que se preguntan si deben confiar o no en la institución, especialmente cuando el número de víctimas del envenenamiento aumenta con el correr del tiempo. Y como si la crisis fuera poca cosa, cada vez se hace más común escuchar las voces lastimeras de pacientes que sobreviven a la tragedia, que se quejan de la escasa disponibilidad que hay para atenderlos.
No son ciudadanos de segunda, aunque sí los servicios que recibieron, con lo que la Caja está en deuda con ellos. De ahí que es inadmisible una atención negligente para quienes solo merecen compresión y calidez. |