INSEGURIDAD.
El talón de Aquiles de Oscar Arias
Ernesto Ramírez
El presidente de Costa Rica, Oscar Arias, cumplió ayer dos de sus cuatro años de gobierno con muy buena calificación de la ciudadanía, según las encuestas, pero la seguridad se convirtió en el "talón de Aquiles" en lo que ha transcurrido de su gestión. Casi nadie oculta los logros de Arias en la aplicación de su plan gubernamental, como reducir la inflación, el desempleo, impulsar un programa "Avancemos" para ayudar a los estudiantes más pobres, y en materia comercial.
Pero el problema de la seguridad, en un país cuya tradicional apacibilidad es sobresaltada por el aumento de la delincuencia desde hace varios años, es considerada por sus adversarios como un "lunar" en sus primeros dos años del período. El mismo mandatario lo admitió en su informe de gestión brindado al país el pasado 1 de mayo, según lo determina la legislación local. "No hay nada irreal en ese dolor, no hay nada de imaginación en ese miedo", dijo el mandatario, en alusión al clima de inseguridad, violencia y delincuencia que se ha entronizado en esta nación centroamericana de 4.5 millones de habitantes.
Y es que dos semanas antes del informe presidencial, una acongojada madre clamó al mandatario, en medio de sollozos, encarar con "seriedad" el tema de la seguridad. El reclamo tenía todas las justificaciones del mundo: su hijo, un adolescente, había muerto la víspera tras ser asaltado por un jovenzuelo para robarle su teléfono móvil.
Poco después, los medios de prensa dieron a conocer la noticia de un asalto a una farmacia en una colonia periférica ubicada al norte de la capital, la misma donde ocurrió el crimen del joven, a plena luz del día. Delincuentes penetraron y hurtaron lo que pudieron y, según los reportes, violaron a una trabajadora. Enfrente del negocio había un puesto policial, pero sin personal.
Un grupo de ciudadanos entre quienes figura un ex ministro de Seguridad, emprendió una campaña por radio y televisión, en la que diseñó una suerte de "manual" de recomendaciones sobre lo que "no" deberían hacer los costarricenses, como caminar libremente por las calles, entregar pertenencias y celulares sin oponer resistencia durante un asalto, no denunciar, entre otros.
La campaña, calificada luego por algunos sectores políticos como bastante violenta, pretendía llamar la atención del Gobierno y de los estrados judiciales y legislativos sobre el aumento del crimen y la delincuencia, y la urgencia de adoptar acciones para detener el flagelo.
Durante su informe, Arias dijo que en la fase final de su gestión reforzará acciones en materia de seguridad, con aumento de presupuesto y contratación de más policías. Esta semana logró que China, con la que Costa Rica estableció relaciones diplomáticas en junio pasado, donara 200 radiopatrullas.
"Contrataremos más policías, más fiscales y más investigadores judiciales y les brindaremos las herramientas adecuadas, para que nos ayuden a capturar y sancionar a quienes perturban nuestra paz", dijo Arias.
La promesa está en firme. El tiempo dirá si el Premio Nobel de la Paz logrará llevar sosiego a una sociedad cada vez más atribulada por las noticias de crímenes, asaltos, ajusticiamientos y denuncias de corrupción.
DPA
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