viene de la 1b. delicia alrededor del mundo.
Sopa, ¿fría o caliente?
Son muchas las grandes sopas hechas con tomate: la ‘pappa’ al pomodoro de los italianos, el gazpacho andaluz.
El tomate fue acogido con recelo por los europeos, por ser pariente de la mandrágora y la belladona.
Ana Alfaro
Especial para La Prensa
vivir+@prensa.com
A pesar de la popularidad de la sopa de tomate, y las muchas formas en que se prepara esta delicia, cuando el tomate llegó a Europa con el intercambio colombino, tardó mucho en ser aceptado.
Se le miraba con desconfianza, por ser pariente de las solanáceas, que cuentan entre sus filas a la belladona y la mandrágora, ambas con características perniciosas.
Pero seamos honestos: son muchas las grandes sopas –estivales o invernales– hechas con tomate: la pappa al pomodoro de los italianos; el refrescante gazpacho andaluz y su prima hermana, la salmorana.
Tal era la desinformación y charlatanería que rondaban al tomate que los supersticiosos decían que, si se ponía un tomate maduro sobre la chimenea al momento de entrar a una nueva casa, se garantizaba la prosperidad futura o se ahuyentarían los malos espíritus, dependiendo de la óptica de cada quien.
Los alfileteros en forma de tomate que aún vemos hoy día son remanentes de esta extraña superstición, ya que se utilizaban en caso de no haber tomates maduros.
Además de las sopas de purito, purito tomate, hay otras que no serían lo que son sin la adición de estas orbes carmesí: la bouillabaise de Marsellas, la cioppino de San Francisco, el clam chowder de Manhattan, la pappa al pomodoro de Toscana, y por supuesto, los gazpachos andaluces y otra deliciosa variación de los mismos, la sopa de tomate con melón.
No es muy difícil de hacer: tres tazas de tomates picados, la pulpa de dos melones de tamaño mediano, dos pepinos pelados y rallados, dos cucharadas de menta finamente picada, una taza de crema agria y la ralladura de una naranja pequeña. Licuar, y ¡voilá!
De seguro Molière tenía una de éstas en mente cuando dijo: "Yo vivo para la buena sopa, no para palabras finas". O probablemente estaba pensando en otra combinación clásica: la sopa de tomate saborizada con eneldo o, más frecuentemente, con albahaca.
Entre las sopas de tomates más interesantes que he encontrado está una de tomate con coco, y un toque de horseradish. Hmmm.
Pero no solamente Europa y sus colonias americanas disfrutan de las sopas de tomate: en África, por ejemplo, se sirve una sopa de tomates verdes, saborizada con cebolla salteada, canela, clavo y un toque de leche.
Y de India, encontré una versión interesante de sopa de tomate saborizada con pimienta negra, polvo de chile rojo, pasta de ajo y jengibre, comino, laurel y un toque de crema; pero creo que la más extraña de todas las que encontré fue la sopa china de tomate con pollo, que lleva caldo y pollo desmenuzado, puré de tomate, salsa china, jengibre y –lo que me arqueó la ceja— azúcar y puré de manzana. Y fideos de arroz. Algún día, me imagino, la probaré.
Mientras tanto, seguiré alegremente abriendo mis latas de sopa de tomate Campbell, pero para ustedes, en la receta del día les ofrezco la versión "honesta" de una rica crema de tomate con albahaca.
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