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Panamá, miércoles 7 de mayo de 2008
 

UNA BUENA ELECCIÓN.

La necesidad de acabar con el nefasto voto en plancha

Daniel Rivera
opinion@prensa.com

Dentro de un año, los panameños tendremos una vez más la responsabilidad de elegir a nuestras autoridades políticas, desde el Presidente hasta los representantes de corregimiento, pasando por los alcaldes y diputados. Y es precisamente en estos últimos funcionarios en los que quiero fijar la atención.

Los tradicionales partidos políticos tienen por costumbre solicitar de los electores el voto en plancha, para así tratar de llevar a una gran cantidad de candidatos a la Asamblea Nacional.

La mayoría de las veces, sin percatarnos, hemos sido cómplices del famoso voto en plancha, es decir, de la práctica de marcar con un gancho la casilla de los aspirantes de determinado partido político, con ello estamos otorgando un voto a cada uno de los postulados, entendiéndose claro está que esto solo funciona en los denominados circuitos plurinominales, donde se elige a más de un diputado.

Ese error, ha permitido que perfectos desconocidos lleguen a ocupar una curul dentro de la Asamblea Nacional. Son personas que no tienen idea de cómo comportarse en los debates, que desconocen las leyes que se discuten o se aprueban, que no se les escucha dentro de las sesiones y que son incapaces de redactar un anteproyecto de ley en beneficio de la población en general u oponerse, con vehemencia, a una pretendida ley que atente contra los intereses de la mayoría.

Otros solo llegan con la idea de justificar el jugoso cheque que recibirán, amén de otras cosas y se conforman con actuar cual muñecos robóticos que solo levantan la mano para votar cuando se lo ordena el jefe político.

Es por ello que debemos hacer valer nuestro verdadero y real derecho de saber escoger con mucha agudeza a quienes, con nuestro voto, le damos el derecho de ocupar una curul en la Asamblea.

Esto lo sustento en el hecho de que nuestro país, en estos momentos, atraviesa por una serie de situaciones que requieren de verdaderos debates y de la aprobación de leyes que le devuelvan la confianza de la ciudadanía en los poderes constituidos en nuestra Carta Magna.

Olvidemos aquel cuento trillado de que el presidente requiere de una mayoría parlamentaria para poder trabajar en beneficio del país y de que la gobernabilidad estaría en peligro, si no cuenta con el suficiente respaldo legislativo, esas son cortinas de humo que se tienden sobre la población incauta.

Pregunto yo, ¿si con un presidente que entiende y conoce cuáles son los verdaderos problemas que requieren solución inmediata, a través de la promulgación de leyes, se atreverían los diputados a no aprobar esas leyes, por el solo deseo de llevarle la contraria al jefe del Ejecutivo? Esto a sabiendas de que podrían provocar la reacción de una población que cada día clama por una verdadera justicia social.

Haciendo una votación selectiva estaríamos en capacidad, como ciudadanos, de exigirle cuentas a cada diputado por su proceder dentro del recinto legislativo, porque dicha selección se transformaría en un pacto entre el elegido y sus votantes. Paralelamente a ello, permitiríamos que solo los políticos más capaces ocupen un puesto en este importante órgano del Estado, porque solo serían elegidos aquellos que presenten, no solo una impecable hoja de vida, sino quienes demuestren tener verdadera voluntad de hacer las cosas bien, con ideales firmes y decididos.

De no hacerlo así, volveríamos a votar por los mismos políticos que, en mi concepto por su desempeño, han sacado una mala nota; al igual que favoreceríamos a los dirigentes transportistas que solo buscan enquistarse en la legislatura para hacer quién sabe qué con el gran dilema del transporte.

Y ni hablar de los DJ que ahora, porque tienen la oportunidad de llegar a un gran sector del país a través de las emisoras en donde laboran, piensan que tienen la capacidad de ir a la Asamblea Nacional a debatir leyes de verdadero impacto. Es una realidad que muchos de estos personajes poseen un pobre currículum de estudios, pero a lo mejor después nos sorprenden con títulos de arquitectos, ingenieros, abogados, economistas, doctores y demás, como lo puso al descubierto La Prensa hace algunas semanas al dar a conocer la hoja de vida de algunos de los actuales diputados. No todos pudieron aclarar el origen de sus diplomas académicos.

La decisión es nuestra, tenemos la opción de elegir entre más de lo mismo, con el voto en plancha, o darnos la oportunidad de analizar y elegir, por vía de la selectividad, a los hombres y mujeres que lleguen a la Asamblea a trabajar, no solo a calentar el puesto.

El autor es licenciado en relaciones internacionales
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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