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Panamá, miércoles 7 de mayo de 2008
 

ENERGÍA ALTERNA.

La independencia del petróleo

1022072Ricardo Salcedo
opinion@prensa.com

Con el avance de la época seca y la disminución de producción hidroeléctrica crece la aprensión acerca de que, por insuficiencia de la capacidad instalada, el parque de producción eléctrica no llegue a suplir la demanda y el sistema automáticamente active apagones de duración desconocida y provoque estallidos de transformadores. Eso podría ocurrir no solo por la suspensión temporal de las plantas generadoras –o de parte de ellas– y por daños, sino por el aumento extraordinario de la demanda cuando se empiecen a habitar la ingente cantidad de edificios en construcción, a cuyos promotores se les debería exigir que generen energía con paneles solares o plantas portátiles para cubrir el exceso de consumo.

Algunas autoridades impulsan campañas para introducir una cultura de ahorro, lo que es bueno porque mejora la conducta del consumidor y reduce el despilfarro, pero es casi seguro que no será suficiente para emparejar la oferta hasta que entren en operación las nuevas generadoras. Del mismo modo, sería útil engancharse a alguna interconexión internacional, pero sólo para afrontar urgencias de costosa carencia eléctrica y no para compensar déficits rutinarios, porque un suplidor siempre impondría sus condiciones de entrega y costo al dependiente, además de que, si aumenta su propia demanda, podría limitar el suministro externo para no desabastecer a los usuarios locales, tal como hace poco ocurrió con una entrega reducida de gas argentino a Chile... en suceso análogo.

En el caso del petróleo, los países que no son productores –y aun los que sí lo son– buscan permanentemente y utilizan otras fuentes de energía para reducir su dependencia. Unos, para ser autosuficientes energéticamente, otros para guardar sus reservas estratégicas y, los más, porque no quieren encontrarse un día conque no lo puedan adquirir ni pagándolo al precio de oro. Lo ideal es alcanzar igual que la autosuficiencia alimentaria, la energética de una o varias fuentes, máxime cuando la demanda y el precio del petróleo crecen exponencialmente y provocan, con otras causales derivadas, desmejoras en la calidad de vida, empobrecimiento de casi todas las capas sociales y hambrunas cargadas de violencia.

Ante este escenario, vegetan Gobiernos que no acaban de salir del estado catatónico en que han caído abrumados por la velocidad de los acontecimientos. Evidentemente que hay que detener, o al menos compensar, el aumento del precio del petróleo con una serie de medidas hasta que se obtengan sustitutos, tanto para producir electricidad como para activar los motores de combustión interna que usan los carros. Hay que llegar a esa conclusión, porque no se debe esperar que los dueños y los comercializadores del petróleo bajen los precios para ayudar al prójimo. No son monjitas de la caridad ni van a serlo.

En otro aspecto, sería bueno que se diseñen motores que rindan más por galón de combustible derivado de petróleo, o sea más eficientes para generar electricidad, pero eso no eliminará la dependencia ni hará bajar su precio. Por ello, los países que puedan reemplazar del todo las plantas petrotérmicas deberían hacerlo, lo mismo que movilizar el transporte público urbano y suburbano con electricidad generada con energía hidráulica, eólica y otras de producción propia.

El problema de la contaminación por dióxido de carbono y plomo, y el efecto de invernadero se resolvería cambiando el petróleo por alcohol o por aceite vegetal como combustible, –tal como lo hizo Henry Ford en sus primeros motores– pero podría pasar mucho tiempo antes de que los intereses de las transnacionales decidan impulsar ese cambio. Por ello, Panamá, al incrementar la producción hidroeléctrica y empezar la eólica, podría sustraerse de la dependencia externa para satisfacer la demanda actual de poco más de mil megavatios por hora (mvh), próxima a la producción que es de mil 105 mvh –casi igual– de la que un 53% es de generación hidroeléctrica y el resto petrotérmica. Se calcula que el país tiene el potencial hidroeléctrico para producir 3 mil 568 mvh en las 52 cuencas hidrográficas, de forma que actualmente se dejan de producir 2 mil 463 mvh. Si se desarrollara ese potencial y se le sumara la energía eólica, se cubriría la demanda del país en su totalidad por décadas hasta que se copara la oferta.

Aunque el costo de generación hidroeléctrica y de aerogeneradores (eólica) –energías renovables– es menor que el de las petrotérmicas, hay que considerar los gastos que implica la construcción de represas e inundación de áreas –en el caso de las hidroeléctricas– además de los pagos por expropiaciones e indemnizaciones; traslado de moradores con garantías de habitación; estabilización de las riberas y reforestación de áreas equivalentes y de las cuencas; la canalización de ríos y el desvío de parte de sus caudales para el embalse, aguas arriba, preservar el ecosistema; y, tal vez, hasta realizar movimientos de tierra, resiembra y plantaciones para preservar los corredores y reservas ecológicas.

Los países con gobiernos responsables deben usar sus riquezas propias: petróleo, cobre, granos, carne, agua, canal, etc. en beneficio de sus pueblos y no de un grupito económicamente poderoso.

El autor es ingeniero civil
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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