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Panamá, viernes 2 de mayo de 2008
 

FUGACES POLÍTICAS DE SALUD.

Campaña de vacunación

Pedro Ernesto Vargas
opinion@prensa.com

La campaña de vacunación contra el sarampión y la rubéola que lleva a cabo, con ciertos tropiezos, el Ministerio de Salud (Minsa) no es una iniciativa del partido gobernante ni de la oposición política. Tampoco es una operación milagrosa y, aunque la noticia de que igualmente se vacuna en Venezuela, Cuba y en Nicaragua, tampoco es una actividad que nace de los embustes de la decadente izquierda latinoamericana.

Para el año 2010, la Organización Panamericana de la Salud se ha propuesto –postergada forzosamente la fecha– erradicar el sarampión de Latinoamérica. Esta campaña de barrido es uno de sus instrumentos.

¿Por qué los tropiezos que se encuentra el Minsa para una campaña de este tipo? Son varias y variadas las razones. Primero, hay un rechazo natural a todo lo que emana del Gobierno y, particularmente, del Minsa. ¿Acaso, no hay razones buenas? No solo las hay, sino que son recientes. Pero, además, toda campaña de este tipo tiene que estar antecedida por otra de información y educación. Los tiempos de enterrar la tusa y esperar que florezca ya pasaron. Hoy día todo se cuestiona y más cuando quien entierra la tusa es el PRD.

Las vacunas constituyen la mejor relación costo–eficiencia en salud entre todas las medidas preventivas o profilácticas. Esto lo reconocen organismos especializados en temas económicos y financieros, así como en materia de salud. Y esto, a pesar de que las vacunas, con excepción de la nueva vacuna para la prevención del cáncer del cuello cervical de la matriz, no previenen el 100% de las enfermedades. Aun así, las tasas de protección se mejoran con las dosis a repetición, de ahí una de las razones por las que se considera necesaria una campaña de vacunación de barrida, como la actual: tener la oportunidad de encontrar a ese niño que, aun vacunado, no produjo anticuerpos contra las enfermedades.

Son múltiples las razones por las que un individuo sano no produce anticuerpos o defensas. Hay razones propias de su organismo que no sospechamos, pero hay otras que pudiéramos controlar y que, en un momento dado, creyendo haber controlado, no lo hacemos. Por ejemplo, la llamada "cadena del frío". En algún momento, desde la salida de la vacuna de la industria hasta la llegada al músculo o la dermis del paciente, no se guardó la temperatura a la que la actividad biológica se mantiene para producir el efecto protector deseado. Por razones de probabilidad, repetir la vacunación ofrece la oportunidad de que "esta vez", ese "incidente" no se repita y el individuo logre activar sus defensas.

Solo traigo a colación una de las tantas posibilidades por las que un individuo pierde la posibilidad de protegerse, aun con todas las vacunas que recibe durante su infancia y los subsiguientes años. No para que desista de hacerlo, sino para que no desaproveche cada oportunidad de vacunación. Desafortunadamente, junto a esta campaña, la población panameña también ha sido expuesta a un programa televisivo deformante que asocia la actividad de cierta vacunación con el autismo. Esta asociación, tendenciosa e imprecisa, causa un incalculable daño emocional a muchas familias. El Minsa debiera, con el mismo énfasis, educar en la dirección correcta para que la población corrija su opinión sobre este asunto.

Mientras las autoridades de salud no demuestren un compromiso constante con las vacunaciones, no pueden esperar de la comunidad médica ni de la población respuestas favorables. Ese compromiso implica, por ejemplo, asegurar que todos los niños tengan disponibilidad todo el tiempo de todas las vacunas, de tal forma que sus esquemas de inmunización no se interrumpan por períodos realmente vulgares e inexcusables. Una de las razones por las que el individuo no produce anticuerpos protectores, a pesar de recibir las dosis totales de sus vacunas, es porque no las recibe en el tiempo recomendable según estudios e investigaciones.

En el contexto socio político de nuestra región, no permitamos que, una vez más, sean las necesidades de higiene y salud de un continente enfermo, el lecho para políticas fugaces.

El autor es pediatra y neonatólogo
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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