EL VALOR DE LA INDEPENDENCIA.
Encuestas y conflictos de interés
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
Cuando manejaba La Prensa (en el año de la pera) me pareció importante contribuir al país con un sistema serio e independiente de encuestas políticas científicas. En esos momentos las encuestas no eran parte importante de la costumbre de análisis político en Panamá. Comencé la búsqueda de una encuestadora que llenara el perfil e independencia exigidos; no la encontré. Busqué alguna internacional con posibilidades para Panamá; no encontré ninguna aislada de los partidos políticos de la región. Decidí que había que inventar una encuestadora como la que buscábamos. Conocía a Leopoldo Neira y a toda su familia.
Él tenía una sólida educación en el campo estadístico y tenía una pequeña encuestadora (Dichter & Neira) dedicada exclusivamente al campo de las encuestas comerciales. Me reuní con Leopoldo; decidimos que tendría que aprender a hacer encuestas políticas. Hicimos un arreglo de exclusividad en el campo político, y con el fin de prepararlo La Prensa le trajo a dos encuestadoras políticas a Panamá. Una, de alto perfil, era norteamericana; ella ofreció la tecnología anglosajona muy avanzada en el campo.
La otra, latinoamericana y menos conocida, acababa de pronosticar con exactitud una elección presidencial en la región, cuando todas las gringas fallaron; lo lograron porque al entrar en el país se dieron cuenta de que la gente mentía por miedo al régimen, y frente a ello inventaron la elección de urna secreta simulada de casa en casa, o sea que –además de la técnica– conocían bien la idiosincrasia de la región. Así, con estos dos maestros traídos por La Prensa, (una con la técnica del norte y la otra experta en la idiosincrasia latinoamericana) Dichter & Neira aprendió a hacer encuestas políticas e iniciamos. Pasamos –Neira y La Prensa – por todos los trompones que puede producir una sociedad incrédula que afrontaba un vehículo nuevo de medición.
Las acusaciones iban desde "¡trampa!"... hasta "manipuladores", "mentirosos", etc… y aguantamos… hasta que los políticos fueron viendo cómo los resultados electorales iban coincidiendo con las encuestas de La Prensa y se fueron convenciendo del valor de las mismas, aún cuando los resultados les fueran desfavorables. Se fue logrando la credibilidad de la mayoría de los políticos. Dichter & Neira fue convirtiéndose en la encuestadora del país por su matrimonio exclusivo con el diario La Prensa, ya que éste es el único medio sin dueños –pero con muchos dueños– el único sin sesgo político-partidario alguno, precisamente por no tener dueño.
Ahora, Leopoldo Neira siente que con su reputación bien ganada puede –no solo no necesitar a La Prensa, sino que además puede– encuestar para políticos y partidos, incluso adversos, y mantener su credibilidad con base en lo que serán sus resultados.
Hace semanas, cuando escuché las quejas de políticos de lado y lado respecto a la nueva modalidad de Dichter & Neira, hablé con Leopoldo y le ofrecí mi opinión como amigo: le dije con sinceridad que creía que se equivocaba. Creo que el incuestionable éxito y el supremo ego que acompaña el éxito se convertirá en su peor enemigo. En este mundo no basta con ser honesto –y estoy seguro de que él lo es– sino que hay también que aparentarlo.
El solo hecho de sentarse con un candidato a negociar las preguntas de una futura encuesta inicia de hecho una relación "de equipo" que, en el menor de los casos, produce un conflicto de intereses al sentarse con otro candidato adverso y hacer lo mismo.
Leopoldo ya decidió este camino –en mi concepto equivocado– así que lo menos que puede hacer ahora es ser transparente con los consumidores de sus encuestas y decir para qué partidos y candidatos ha hecho, está haciendo –o pretendiendo hacer– encuestas. Frente a la crítica, para justificarse, la comparación que él hace respecto a anuncios competitivos en los medios no tiene validez, ya que los anuncios sí son –para el público– totalmente transparentes.
Leopoldo es mi amigo. Sé que las encuestas políticas son tan solo el 2% de sus fabulosos ingresos, pero sin duda son el 98% de la visibilidad de su empresa. Me entristece que ponga todo lo logrado en 17 años a riesgo, precisamente ahora cuando no tiene necesidad económica alguna, y absolutamente nada que lograr a cambio.
Cuando uno llega a la cima hay que ser extraordinariamente cuidadoso, porque el único movimiento posible es resbalar hacia abajo. Si eres número uno, no puedes aspirar a ser el número uno y medio, y movidas no bien pensadas pueden hacerte resbalar a convertirte en número dos o número tres, o simplemente en uno del montón.
Como era de esperar, los directivos de La Prensa ya anunciaron su ruptura con Dichter & Neira. Tendrán que buscar y encontrar –por segunda vez– una encuestadora con los conocimientos técnicos, que se comprometa a la exclusividad e independencia que los lectores de La Prensa esperan de las encuestas de su periódico. La Prensa tiene la obligación de ofrecerle al país, por lo menos, una encuestadora totalmente independiente alejada de todos los partidos y políticos, sin conflicto de interés alguno. Como siempre, confío en que sus directivos sabrán responder.
En cuanto a mi amigo Leopoldo, no me queda más que desearle la mejor de las suertes y continuada prosperidad. Pretendo que sigamos analizando el tema a su conveniencia.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
|