Nada menos que un tercio de la producción de agua de la potabilizadora de Chilibre se pierde. Eso sobrepasa la definición de ineficiencia y pone en entredicho la capacidad que tienen las actuales autoridades de manejar un recurso básico para la sobrevivencia de los panameños. Y como si fuéramos un país rico, hay que agregar que la pérdida de agua se contabiliza en unos 30 millones de dólares al año. ¿Cómo puede una empresa –estatal o privada– hacer inversiones o mejorar el sistema con semejante nivel de desperdicio?
Esta administración tiene que contar entre sus fracasos, no haber podido cumplir su promesa de campaña sobre el llamado programa “Agua para todos”, al que hay que sumar las serias deficiencias del Idaan para recolectar las aguas residuales.
Nos enorgullecemos de los rascacielos, pero bajo sus lujosos vestíbulos subyacen escondidas nuestras deficiencias que, más temprano que tarde, salen a relucir a borbotones, con los indeseables hedores imposibles de ocultar. |