LEYES Y REGULACIONES.
El estatismo recrudece en América
Alejandro A. Tagliaviní
Para justificar al terrorismo durante los años 70 del siglo pasado, el típico eslogan de la izquierda (estatista y populista) era: "La violencia de arriba provoca la violencia de abajo". Irónicamente, resulta que es verdad. Más aún, resulta que arriba –en los gobiernos– hoy está el populismo estatista. Precisamente, el estatismo consiste en la utilización del poder represivo del Estado, para imponer sus "leyes" y "regulaciones", por sobre las naturales. Y, cuanto más violencia ejerce sobre la ciudadanía, además de destruir a la sociedad al desarticular su crecimiento espontáneo, provoca una tensión creciente que muchas veces termina en violencia.
Supuestamente este estatismo surgió "democráticamente", porque resultó de elecciones "libres". En rigor, los comicios son manipulados vía propaganda y recursos oficiales y otras artimañas. Pero si la democracia fuera solo eso, Hitler estaría justificado. La verdadera democracia no termina en el voto libre, sino en el respeto a las personas e instituciones que conforman toda la sociedad.
En Argentina, además de intentar manipular a la prensa, el Gobierno manipula a la "justicia". El presidente de la Asociación de Magistrados aseguró que: "La presión sobre los jueces se ha agravado... si bien siempre hubo presiones desde el poder político al judicial, nunca se dio con tanta acentuación como durante esta administración".
Por otro lado, la brutal represión tributaria (que en algunos casos supera el 75% de los ingresos) le sirve al Gobierno para repartir dinero autocráticamente y asegurarse el control político del Congreso y de los gobernadores. El oficialista ex gobernador Felipe Solá aseguró que: "En el oficialismo hay mucha gente que tiene miedo de decir lo que piensa".
Pero la violencia destruye, no solo porque incita a reacciones iguales y contrarias, sino que en sí misma es siempre destructiva. De hecho, no es cierto que la pobreza, el hambre, la miseria y la desocupación (lo que, a su vez, es excelente caldo de cultivo para el delito) sean "naturales", por el contrario son un producto del error humano. Las leyes impuestas coactivamente (por sobre la "libertad del mercado": la cooperación voluntaria y pacífica entre las personas) destruyen. Por caso, las que "garantizan el salario mínimo" provocan la desocupación de quienes ganarían menos.
Así, la Argentina se destruye. Como señala Martín Simonetta, mientras que el oficialismo asegura que el PIB ha venido creciendo "espectacularmente" (al 8.5% anual) se han olvidado de decir que lo miden en pesos, devaluados en más del 300% con respecto al dólar.
Hecha la corrección, aun suponiendo que los datos oficiales sean ciertos, el PIB medido en dólares ha bajado 5% entre 1998 y 2007. Baja coherente con lo que se observa a simple vista. Y como la situación empeora rápidamente, sobre todo para los sectores más pobres, el Gobierno insiste en "redistribuir" los ingresos utilizando su poder coactivo.
Así, decidió aumentar las retenciones (impuesto a la exportación) a la soja hasta casi el 50% provocando la ira de la gente de campo, cuyos gremialistas iniciaron un paro, que acaba de ser levantado pero que, en cualquier momento, reaparecerá con mayor virulencia.
En Bolivia la situación es peor. A raíz del referéndum convocado por el departamento de Santa Cruz para decidir su autonomía, lo que Evo Morales considera "ilegal", según una misión de la OEA: "El 4 de mayo puede haber violencia" y, agregó, "hay que negociar antes" para evitar víctimas mortales.
Firmas Press. El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity
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