CONTROL DE ARMAS.
Fobias
Carlos A. Eleta Boyd
opinion@prensa.com
El Sr. presidente de Costa Rica, Óscar Arias, sufre de fobia. Parece mortificarle mucho la tenencia de armas por parte de ciudadanos decentes y honestos, los cuales las tienen debidamente registradas y con sus permisos correspondientes.
El Sr. Óscar Arias es el padre, genio y figura del nefasto proyecto de ley de control de las armas que el Ministerio de Gobierno y Justicia presentó a la Asamblea Nacional.
El señor Arias lleva más de un año promoviendo este proyecto a través de la Fundación Arias para la Paz y el Desarrollo del Hombre, reclutando y emplanillando en nuestro país grupos tales como la Fundación Justicia y Paz, liderada por un abogado con conocidas tendencias y afiliaciones con grupos de ideologías totalitarias, así como también algunos infiltrados dentro del Ministerio de Gobierno y Justicia, los cuales se dedican a presentarle al señor ministro toda clase de "evidencias" y estadísticas amañadas y así mantenerle engañado.
No importa qué tan bien le pague la Fundación Arias a estos individuos para impulsar el proyecto de ley, esto representa una clara intromisión en nuestra soberanía, aunque provenga de alguien que ostenta un Premio Nobel de la Paz.
El presidente Arias ha tratado de promover un proyecto de ley similar en su país, Costa Rica, con muy poco o ningún éxito. También trató de hacerlo en países como Brasil, donde fue sometido a referéndum y fue aplastado por un abrumador 87% en contra.
Nada de eso, parece, arredra a nuestro intrépido Premio Nobel. Ahora pretende empujarnos a nosotros su fracasado proyecto de marras.
Este Proyecto de Ley de Control de Armas tiene visos de inconstitucionalidad. Atenta directamente contra la propiedad privada debidamente adquirida, somete a los propietarios legítimos de armas de fuego a un sinnúmero de onerosos y absurdos trámites burocráticos y, en general, está diseñado para impedir a través de absurdos y complejos requisitos el derecho a la autodefensa inherente a todo ciudadano respetuoso de la ley que, de buena fe, ha registrado sus armas.
Este desafortunado proyecto nos muestra una clara desconfianza y aversión a la tenencia de armas por parte de la ciudadanía decente.
Esgrimir la tesis de que este proyecto, de convertirse en ley, redundará en el beneficio de la disminución de la delincuencia, es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos, pues los delincuentes nunca han sacado permiso para portar armas, ni las han registrado, pues no les interesa cumplir con la ley.
Este proyecto de ley, además, deja entrever rasgos de ideologías extrañas y totalitarias. No en vano decía Lenin en uno de sus primeros discursos: "Camaradas... para continuar con el fortalecimiento y la institucionalidad de nuestra nueva Gran República Socialista, deberemos promulgar y hacer conocida nuestra nueva ley de desarme. Si la oposición (a esta ley) se desarma, todo está bien, pero si no lo hace, entonces los desarmaremos nosotros mismos. Para asegurar el triunfo y permanencia de nuestra revolución socialista, solamente el ejército, la policía y las milicias populares socialistas soviéticas estarán autorizadas para el porte de armas". (Lenin, discurso ante la Duma, 1918).
¿Esto es lo que se pretende? ¿Esto es lo que queremos?
El artículo 2 de la Constitución Nacional consigna que el poder público emana del pueblo, pero los gobernantes de turno no quieren someterse al mandato de su pueblo que viene exigiendo mano fuerte contra el delincuente y respeto de sus derechos ciudadanos y soberanía.
Si este Gobierno no confía en sus ciudadanos, los ciudadanos no podemos confiar en el Gobierno, y esto debemos recordarlo a la hora de votar en mayo de 2009.
El autor es miembro de la Asociación Panameña de Propietarios de Armas
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