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Panamá, lunes 21 de abril de 2008
 

ANARQUÍA ESTUDIANTIL.

Impunidad institutora y artesanos terroristas

Amarilis A. Montero G.
opinion@prensa.com

El panorama era desolador al final de la batalla: bancas rotas, tableros y laboratorios destrozados y hasta robos de pertenencias de algunos docentes. El Instituto Nacional dibujaba el escenario de una zona de guerra urbana de bombas lacrimógenas, palos y piedras. Una vez más, los institutores demostraron su descontento por las malas condiciones de su colegio destruyendo su propio patrimonio. Pero no podemos dejar de lado la reacción del Ministerio de Educación, en la figura de su ministro, cuando le notificaba al rector del colegio que no se sancionaría a ningún estudiante para no "provocar más violencia". Días después, y como una ironía, nos encontramos con más violencia estudiantil, esta vez con los estudiantes del Artes y Oficios.

Como complemento a lo ocurrido en el Instituto Nacional, la semana pasada presenciamos los actos vandálicos de los estudiantes del Colegio Artes y Oficios que "protestaban", también por la falta de arreglos de infraestructura escolar, tirando piedras y destruyendo su propia escuela y propiedad privada. Pero lo más preocupante es cómo se han autodenominado estos jóvenes artesanos. Ya no son estudiantes en protestas callejeras sino un grupo organizado llamado "Frente de Artesanos Terroristas" con una agenda de acciones programadas para todo el año, como lo comentaba en un programa de televisión la directora de Educación, Mirna de Crespo.

Ante semejante amenaza por parte de los estudiantes artesanos, ¿qué espera el Ministerio de Educación para reaccionar de forma decidida e imponer control sobre estos estudiantes que, amparados por una camiseta que cubre sus rostros, se toman una ciudad y la sumergen en un caos?

Con las acciones tomadas en el caso del Instituto Nacional se está propiciando que los estudiantes del país siembren el terror en nuestras calles. Veo con preocupación que la anarquía se cierne sobre la educación panameña. Y con la anarquía llega el caos generalizado que va a contribuir a que los grupos organizados, como los estudiantiles, se tomen las calles del país como campo de batalla para "defender" sus causas o movimientos.

Las raíces del desasosiego social que reina en Panamá pueden propiciar más actos vandálicos (no olvidemos los acontecido meses atrás con las protestas del Suntracs que paralizaron el país) que no llegan a ser castigados debidamente ni oportunamente. Los destrozos e inconvenientes que resultan de cualquier protesta violenta solo traen pérdidas materiales y un desgaste en el rendimiento económico.

Se puede comprender que los estudiantes no son escuchados por las vías normales del diálogo, pero ello no puede ser excusa para que se ensañen contra lo poco que tienen y de paso destruyan propiedad ajena.

Es necesario implementar un trabajo de prevención de acciones violentas en nuestros estudiantes, que en muchos casos es solo un reflejo de lo que viven en sus comunidades y hogares, y tener un código de conducta que garantice la seguridad de los estudiantes y docentes dentro y fuera de sus planteles.

Los directivos del Ministerio de Educación y la comunidad educativa no pueden "voltear la cara" y permitir más desmanes. Se necesita volver a tener control sobre los jóvenes, pero para eso hay que predicar con el ejemplo en donde cada uno, padre de familia, docente, director de escuela, y Ministerio de Educación ejerzan su autoridad.

Hay que volver al respeto, la responsabilidad y la conciencia ciudadana que debe ser inculcado en cada niño y adolescente. No se puede continuar protegiendo a estudiantes revoltosos con sanciones menores porque, muy probablemente, van a tomar el camino de la reincidencia. En el sector educativo se puede hacer un trabajo integral de instrucción con formación para el beneficio de los estudiantes pero está carente de personas capaces para llevarlas a cabo y una sociedad que parece ignorar las señales de advertencia que surgen de estas protestas.

Con cada cierre de calles encontraremos estudiantes resentidos con la forma en que son tratados por las autoridades de turno. Con cada estudiante frustrado por no encontrar una solución a sus problemas estaremos sembrando la semilla de un "terrorista" estudiantil. Pero si a todo esto añadimos la impunidad por los actos cometidos, vamos a encontrar una sociedad burlada y controlada por grupos con el poder de destruir los sueños y esperanzas de aquellos jóvenes que sí desean superarse.

La autora es docente de la Universidad de Panamá
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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