La seriedad de la justicia en Panamá solo se compara con una tragicomedia. Por un lado, los casos de alto perfil duermen plácidamente, escondidos en las gavetas del pupitre de algún juez. Caso emblemático: el de Adelag, en el que sufrieron pérdidas, calculadas en decenas de millones de dólares, 21 bancos y cerca de 60 pequeños ahorristas y acreedores. El resultado: la impunidad.
El tortuguismo hizo que nadie respondiera por esta pérdida. Por otro lado, la justicia también puede andar a velocidad de vértigo. Es el caso de Rodolfo Charro Espino, el famoso tío del Presidente, que en un par de meses fue sobreseído pues “reforestó” una minúscula parte de un tupido y enorme manglar que su ambición desmedida no tuvo reparos en despachar para ganarse una pequeña fortuna que él compró en centavos. La consecuencia: una vez más, la impunidad.
¿Qué hay detrás de estos casos? Ahí está el detalle. |