SOCIEDAD Y POLÍTICA.
Un divorcio fatal
I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com
Hay hoy en día un divorcio entre lo que la sociedad y los ciudadanos demandan de la política, y lo que la política y los políticos ofrecen. Es también un divorcio entre la capacidad de gobierno y la complejidad de los problemas de gobierno (Matus).
Así como los médicos han sustituido en gran medida a los brujos y curanderos, hay que sustituir a los "curanderos" de la política por profesionales en el arte y la disciplina de gobernar con método, única forma de poder abordar la praxis política con eficacia.
Para iniciar un proceso de reversar este divorcio fatal hay un grupo internacional que propone establecer en la Ciudad del Saber un programa de formación y entrenamiento para la dirección política, que me parece de una urgente necesidad para Panamá y todos los países de nuestra región.
Es importante para que el programa sea exitoso que no adquiera ningún sesgo partidario ni ideológico, y que sea apoyado y obtenga la participación de todos nuestros partidos de gobierno y oposición, de la sociedad civil y su política –con "P" mayúscula– y de los gremios, tanto patronales como obreros. Además, debemos lograr la participación de la juventud próxima a la graduación universitaria.
Hemos legitimado la democracia como forma de gobierno; sin embargo, está diariamente a riesgo debido a los pobres resultados de nuestros gobiernos y gobernantes frente a las crecientes demandas sociales, lo que produce una creciente desesperanza de la ciudadanía con respecto a la política y su capacidad para transformar la realidad.
Enfrentamos una crisis de capacidad de gobierno. El Gobierno simplemente no funciona, no responde a la ciudadanía, haciendo que el partido más popular sea el "Partido de la Calle"; solo los cierres de calle parecen ser eficaces frente a gobiernos sordos e ineficaces.
Las presidencias son en gran parte oficinas caóticas donde el líder está enjaulado, prisionero de un grupito que lo controla. El Presidente es una persona acosada por las urgentes presiones, lo que lo lleva a darle prioridad a los problemas más ruidosos y normalmente menos importantes, sin darse cuenta de los grandes problemas que son silenciosas bombas de tiempo. Sus presidencias son casi 100% reactivas. Los gabinetes se convierten en aburridas pérdidas de tiempo. No existe un eficaz monitoreo de las acciones de gobierno y por ende no existen los mecanismos de rendición de cuentas.
Existe una gran crisis que pone en peligro la democracia.
Me parece impostergable el propuesto programa para crear un "Centro Latinoamericano de Formación y Entrenamiento para la Dirección Política" en la Ciudad del Saber.
Apoyémoslo; elevemos la ejecución política. Salvemos nuestra Democracia de la total ineficacia que hoy hace crisis por ese fatal divorcio entre la sociedad y la política.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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