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Panamá, viernes 11 de abril de 2008
 

INSEGURIDAD CIUDADANA.

Un país secuestrado por el hampa

1010548Daniel Rivera
opinion@prensa.com

¿Cuántos muertos más?, es la pregunta abierta y directa que le dirijo a quienes forman parte de los estamentos de seguridad del país, ¿cuántos ciudadanos panameños más deben morir a manos de asesinos inescrupulosos, para que nuestras autoridades entiendan que su sistema de vigilancia y seguridad ha fracasado?

Señor Presidente de la República, una de sus bases de campaña fue precisamente "más seguridad" para un país que, a pasos agigantados, iba quedando en manos del hampa organizada. Pero hoy día da pavor salir al supermercado a comprar algo por temor a que una bala acabe con nuestra vida, porque "seguridad" es lo que no tenemos; eso no lo entienden quienes tienen la responsabilidad de darle tranquilidad a todos los ciudadanos.

Pareciera que ninguno de los órganos –Ejecutivo, Legislativo o Judicial–, tiene interés en acabar con esta situación, y ni hablar del Ministerio Público o de la Policía Nacional y demás estamentos de investigación judicial que evidencian claros signos de debilidad ante una delincuencia galopante que actúa sin dios, ni ley por las calles de nuestro país.

No es necesario, pero vale la pena mencionar que en las últimas semanas, fue asesinado un artista de los grupos regueseros y todavía no se ha dado con los responsables del hecho; posteriormente, fueron ultimados dos ciudadanos a plena luz del día en el exclusivo sector de Coco del Mar, sin que se conozcan detalles; el pasado fin de semana se produjeron dos asesinatos más que estremecieron comunidades humildes en el sector de Arraiján; semanas atrás fue muerto a tiros el escolta personal del alcalde Juan Carlos Navarro, y hace apenas unos días fue asesinado un profesional de la comunicación social, quien se dirigía a darle cobertura a un supuesto hecho de sangre que se registraba en un sector de la zona roja.

A pesar de todos estos acontecimientos, nuestras autoridades se debaten en determinar si los que usan tatuajes, se perforan las orejas o son homosexuales pueden entrar a formar parte del estamento policial. Señores, el asunto es más complejo que esto, no utilicen subterfugios para escurrir el bulto ante los graves problemas que enfrenta el país por estar en manos del hampa.

Los servicios de inteligencia saben dónde operan las bandas y cuáles son, pero no hacen nada. Para nadie es un secreto que esto comenzó tras la invasión a Panamá, por allá por la década de 1990. Se pudo evitar que el problema creciera, pero al contrario lo que se hizo fue quitarle autoridad al policía.

Desde entonces han pasado tres gobernantes, pero ninguno ha hecho nada por frenar el problema de la creciente delincuencia. Usted señor Presidente no ha sido la excepción. Con mucho respeto tengo que decirle que ninguna de las personas que tiene al frente de estos delicados cargos ha dado resultado y, lo que es peor, usted es consciente de eso, porque creo que como jefe de ellos recibe informes de cómo anda la seguridad o por lo menos se entera a través de los medios. Le pregunto entonces, ¿qué espera que no los manda para su casa o es muy grande el compromiso político que tiene con ellos para pedirles la renuncia o simplemente destituirlos por ineficientes?

¿Cuántos, cuántos ciudadanos serios, honestos, humildes y responsables hombres de bien, deben morir a manos del hampa, para que usted junto a su equipo de trabajo tome las medidas tendientes a frenar esto?

Presidente a usted le faltan pocos meses de gestión, lo invito a que junto al resto de los funcionarios de gobierno haga algo por reforzar la seguridad ciudadana, deje su huella positiva en beneficio de la sociedad que hoy se muestra temerosa al sentirse secuestrada por los delincuentes.

A todos los panameños también les formulo el llamado a que nos armemos de valor y junto a las autoridades, ayudemos a combatir la delincuencia, sin importar que quien comete un delito sea mi hijo, sobrino, nieto o el hijo de mi vecino, porque es hora de evitar que más residencias se sigan vistiendo de luto y dolor por el asesinato de algún miembro de su familia.

Son ya demasiados los hogares que han quedado sin un jefe de familia, madres sin hijos, mujeres sin esposos o niños sin padre, porque éste tuvo la mala suerte de estar en el lugar menos indicado, soy de la opinión de que aún estamos a tiempo de rescatar nuestro país de los antisociales, pero es tarea de todos, sin dejar de ver que la mayor responsabilidad recae en las autoridades.

El autor es licenciado en relaciones internacionales
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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