El “paisajismo” propuesto para la cinta costera es un adefesio. En vez de ofrecernos las tan prometidas áreas verdes –aquel parque que permite el disfrute del entorno marino y mitiga el caos vehicular– nos presenta más pavimento y quioscos de pésimo diseño, a lo que habrá que adicionarle los hangares que terminará construyendo el club privado sobre el relleno que nuestros impuestos costearán.
La ciudad clama por menos concreto, más follaje, y buen gusto. La calzada de Amador nos brinda un ejemplo de lo que, precisamente, no debe ser la cinta costera: un área despejada, espectacular por su sencillez, convertida en una interminable congestión de construcciones de pobre arquitectura y mal gusto.
Cuando se cuenta con la majestad de la bahía, no se necesitan quioscos ni fuentes, y mucho menos las mediocridades que proponen. Ahorrémonos las cursilerías y dejemos que sea la naturaleza la que nos cautive, aceptando la recomendación del modernismo, tan apropiada aquí: “Menos es mejor”. |