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Panamá, viernes 4 de abril de 2008
 

INGENIO. PELEA POR UN MERCADO.

Herramienta artesanal

Todavía quedan familias en la provincia de Coclé que utilizan el trapiche para fabricar raspadura.

A comienzos del siglo XX los campesinos conseguían con el trueque de sus productos la azúcar blanca.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/R. Quezada
LEGADO. Todavía hay familias que conservan las tradiciones.1006932
Rafael QuezadaEspecial para La Prensa
vivir+@prensa.com

PENONOMÉ, Coclé. –El antiguo trapiche de madera es una herramienta artesanal que aún sobrevive y que nació del ingenio de la gente del campo con la intención de obtener algún derivado de la caña de azúcar tras ser molida.

Esa idea produjo frutos y "de la molienda se sacó el jugo o caldo de la caña que al cocinarlo, bajo un largo proceso, se obtiene la miel que sirve para endulzar los alimentos y las bebidas.

Así lo recuerda la familia Ortiz-Jordán de la comunidad de Villarreal de Natá.

La primera estructura que existió y semejante al viejo trapiche de madera le llamaron ‘quijada de vieja’, que era un esqueleto de madera que servía para triturar la caña y sacarle el jugo, recuerda Cecilia, decendiente de la familia Ortiz-Jordán.

Luego, la siguiente generación construyó los trapiches de madera que eran impulsados por la fuerza de los caballos o bueyes.

TRADICIÓN

Esa vieja tradición se vivió en diferentes lugares de la provincia de Coclé y del país. Hoy apenas se mantiene en algunas comunidades.

En 1910, era muy difícil adquirir la azúcar blanca que se producía en La Estrella, ubicada en Natá, el cual era considerado uno de los primeros ingenios de Coclé.

La distancia que separaba a los distintos poblados del ingenio en Natá era enorme, además de que eran pocos los medios de transporte.

La única forma de tener algo de ese tipo de azúcar era a través del negocio que mantenían los comerciantes de la época. Estos viajaban y llevaban la carga en carretas por trochas hasta los lugares más apartados. Hasta 10 días tomaba un recorrido que hacían los pequeños comerciantes para llevar el azúcar a los poblados.

Entonces se producía el famoso trueque o intercambio de mercancías, las familias obtenían azúcar a cambio de sus cosechas de arroz, maíz, frijoles, café, etc.

EL MODELO

Efraín Lara y Pablo Martínez Troya son dos artesanos que no cambian por nada las tradiciones de sus antepasados.

Lara y Martínez son oriundos de la comunidad de Pajonal y mantienen sus creencias y defienden las tradiciones.

Lara, de 65 años, a pesar de una discapacidad física, no se amilana y el calor del fogón lo envuelve por más de cuatro horas cada vez que bate y procesa la miel para sacar la raspadura.

Un ejemplo de los trapiches que todavía quedan se compone de unas 12 piezas, todas de madera. Dos bolos o rodos, los cepos, el crucero, la corriente en donde cae el jugo, la guía, las dos madrinas y el puente.

La idea que se cristalizó reemplazó casi en su totalidad la actividad del comerciante, ahorró tiempo y acortó las distancias.

Regiones como Antón, Penonomé, La Pintada, El Copé, Olá, Río Grande y Río Hato, entre otros se vieron favorecidas con la idea de hacer sus propios molinos de caña para la extracción de la miel y la raspadura.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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