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Efecto amoral de los ‘reality shows’
Teófilo Rodríguez
opinion@prensa.com
De que estamos sumergidos en una agresiva cultura de la imagen y de hedonismo no cabe duda alguna, y qué mejor forma de lograr estos que los potenciales medios de comunicación de masas. En un mundo de competencia en que nos toca vivir no importa qué se lleve al público, con tal de marcar el mayor índice de audiencia. En un falso concepto se esgrime el principio de que "todo vale", o "al pueblo hay que darle lo que quiere ver y oír". Recordemos el clásico entretenimiento utilizado por los emperadores romanos para someter al vulgo; pan y circo.
Hoy con medios más sofisticados y tecnológicos se explota la conciencia moral de la masa popular ofreciendo programas que no forman en valores. Todo lo contrario, lo chabacano, lo vulgar, lo sensual y la violencia extrema, es según los ideólogos de los reality shows, lo que la gente quiere ver.
¿Qué precio habrá que pagar para conseguir esto? Eso es lo que menos importa, pues las ganancias triplican la inversión.
Desgraciadamente Panamá no escapa para nada de esta vorágine de programas televisivos que rayan en lo amoral. Entiéndase por moral lo relativo a las buenas costumbres que facilitan la convivencia de los grupos humanos con sus respectivos derechos y deberes. Cuando se violentan esos valores incurrimos en la inmoralidad. Las grandes empresas televisivas sostienen una lucha encarnizada para retener mayores telespectadores. Poco importa si los temas son de quiromancia, de hechicería, satanismo, ocultismo o de cualquier aberración sexual.
Hoy al descubrirse lo que hace algunos años escuché en Perú sobre los montajes que ofrecía Laura Bozzo en sus reality shows nos queda una evidencia, lo amoral que resulta explotar los sentimientos y el dolor humano en razón del lucro y de los top show.
Volviendo a la realidad nacional, es cierto que cada quien elige lo que quiera ver, oír y leer. Pero cuando los medios compiten como en el caso de las televisoras para los que no tienen cable, y que sigue siendo la mayoría de los panameños, ¿Qué opciones queda? Telenovelas de poco contenido formativo y programas que son escuelas de superstición, paganismo y sincretismo religioso. Para muestra basta sintonizar las dos mayores cadenas de televisión nacional, cómo ofrecen una programación con casi idéntico formato y contenido. Allí se ofrece desde horóscopo, medicina alternativa, fórmulas para hechizos, etc. Todo esto atenta contra la salud mental y espiritual de los panameños incautos.
Finalmente una llamada a los programas que utilizan a los niños sometiéndolos a los mismos estrés que los adultos. ¿Solo se busca exaltar un talento? ¿Quiénes son los verdaderos favorecidos con estos espectáculos?
Quiero reconocer que hay muy buenas producciones nacionales, pero como pastor y formadores de conciencia no podemos silenciar aquellos programas que atentan contra los auténticos valores morales.
Tenemos derecho de exigir una mejor calidad de programas que contribuyan a exaltar valores y a combatir la violencia que nos acosa por todos lados. Todavía hay tiempo para trabajar en bien de los valores cívicos y morales.
El autor es sacerdote
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