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Panamá, miércoles 2 de abril de 2008
 

DESIGUALDAD ECONÓMICA.

Lo mismo pero peor

1006524Carlos Guevara Mann
cguevara@cableonda.net

Es paradójico que los aspirantes presidenciales del PRD, un partido que tanto daño le ha ocasionado al país, pretendan alzarse como paladines del pueblo panameño y autores de un pretendido mejoramiento en las condiciones de vida de los sectores marginados. Tan solo en lo que a desigualdad económica respecta, medida por el coeficiente de Gini, el deterioro ha sido alarmante bajo los gobiernos del PRD.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 1999), entre 1979 (año de la fundación del PRD) y 1989 (momento del desalojo de la narcodictadura perredista) el coeficiente de Gini sufrió un deterioro de 48.8 a 56.5. Como bien lo sabe usted, el coeficiente de Gini oscila entre 0 y 1. A medida que se aleja de 0, indica mayor desigualdad en la distribución del ingreso (o consumo).

Según el Banco Mundial (Deininger y Squire, 2004), entre 1995 y 2000 –período que refleja los efectos del gobierno perredista de 1994–1999– el coeficiente de Gini empeoró de 56.8 a 57.8. Entre 2001 y 2004, de acuerdo con la Base de Datos Socioeconómicos de América Latina y el Caribe (2006), mejoró de 56.5 a 54.8. Corrobore usted mismo estas estadísticas en la Base de Datos sobre Desigualdad del Instituto Mundial de Investigación Económica para el Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU–Wider) en: http://62.237.131.23/wiid/wiid.htm.

Esa base de datos no incluye estimaciones de desigualdad para años más recientes, pero para nadie es un secreto que las condiciones de vida de la mayoría de la población han sufrido un duro golpe bajo el actual gobierno. Solo en términos de precios al consumidor (de acuerdo con la Contraloría General de la República), entre febrero de 2007 y 2008 el aumento fue de 8.4%, lo cual representa una merma considerable en el ingreso de todo aquel ciudadano que no haya logrado incrementar sus ingresos en esa misma proporción (o en una medida superior). Como el auge económico solo ha beneficiado a unos cuantos panameños y extranjeros bien vinculados al gobierno de turno (o sea, a ésos que puntualmente pagan su peaje en el suntuoso despacho de la Torre de las Américas), no puede sino colegirse que, en términos socioeconómicos, el principal legado de la denominada "patria nueva" será un deplorable ascenso en la desigualdad.

Más paradójico resulta que los culpables de semejante catástrofe nacional, agrupados en el PRD, se perfilen como los principales beneficiarios del resentimiento social que sus propias políticas han producido. Porque, como van las cosas, no sería extraño que ese partido repitiera "limpiamente" en la elección presidencial de 2009 (que sin duda será pulquérrima) y mantuviera (o ampliara) su mayoría en la Asamblea Nacional y los gobiernos municipales en esos mismos comicios.

Varios factores explican el éxito electorero del PRD, entre ellos su penetración del Tribunal Electoral, su manipulación de los medios de comunicación social y la lumpenización de la sociedad panameña, cada vez más pronunciada. Pero hay dos variables sobresalientes en este análisis. En primer lugar figura el sistema electoral, engendrado en las entrañas de la dictadura (en 1983), pero apadrinado por todos los partidos del sistema (a pesar de que, claramente, opera en perjuicio de los partidos de oposición). La ausencia de una "segunda vuelta" en la elección presidencial ha permitido, en "democracia", el ascenso del PRD a la primera magistratura en 1994 y 2004, a pesar de la oposición del 67% y el 53% del electorado, respectivamente. Si se le hubiese prestado atención a Willy Cochez –quien en 1993 propuso la "segunda vuelta"– el PRD jamás habría regresado a la casa presidencial, ni siquiera para recoger el estiércol de las garzas.

En las elecciones para diputados, un sistema putrefacto basado en circuitos pequeños y reglas antidemocráticas para la adjudicación de escaños ha convertido al PRD en el partido dominante en la Asamblea Nacional, con todo lo que ese fenómeno ha significado para el desarrollo político del país (es tema para otro día). En 1994, con 23% de los votos para diputados, el PRD obtuvo el 43% de las curules; en 1999, con 32% de los sufragios, consiguió el 48% de las bancas; y, en 2004, con 38% de los votos, se adjudicó el 54% de los escaños. En el transcurso de cada período constitucional, su control mayoritario de la nada augusta cámara aumenta mediante las inmorales "migraciones" de diputados, financiadas con los amplios recursos obtenidos por el PRD durante años de esforzada y transparente gestión (a través de atracos como los de Van Dam, el Seguro Social, el Cemis y otros).

El segundo factor que no puede dejarse por fuera para entender el predominio nefasto del PRD es la incompetencia proverbial de la llamada "oposición". Donde urgen la coherencia, el desprendimiento y el civismo, la dirigencia opositora solo ha sabido aportar –con muy contadas excepciones– sectarismos y mediocridad, una teatralidad de pacotilla y una codicia sin límites. En las elecciones del año entrante –han de saberlo ya– solo hay espacio para una candidatura presidencial y una "plancha" opositora. De lo contrario ganará lo peor del PRD y todos saldremos perdiendo. ¿Volverán a entregarle el país en bandeja de plata? ¡Basta ya de tanta ineptitud!

El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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