CRÍTICAS.
Barak Obama, la incógnita
José Brechner
La demagogia con buen tono relució como nunca en su defensa pública que hizo Barak Obama sobre la relación que mantiene, o mantenía, con su mentor espiritual, el reverendo Jeremiah Wright Jr., quien pasó a ser persona non grata del candidato demócrata, dadas las circunstancias.
De repente el hombre tan querido que le sirvió de guía espiritual para convertirse al cristianismo, casarlo y bautizar a sus hijas, ya no es su amigo, y dijo que no concuerda con su prédica racista. Aunque durante 20 años eso no pareció incomodarle. Tampoco parece perturbar a los musulmanes que un ex correligionario los abandone, pese a que el islam condena la conversión a otra religión con la pena de muerte.
Obama también empezó a renegar de cualquier comentario, amistad o vínculo comprometedor que pueda sensibilizar a individuos, agrupaciones y comunidades que necesita cautivar, para adecuarse al perfil deseado por la mayoría electoral estadounidense. Los sofismas estilizados en boca del hábil orador pueden deslumbrar a muchos inexpertos votantes.
Su sonriente esposa, por su parte, dijo que por primera vez se sentía orgullosa de Estados Unidos. O sea que toda su vida despreció la tierra que la vio nacer, pero ahora que su marido es posible candidato a la Casa Blanca, el país mejoró.
Barack Obama también criticó a su abuela blanca, que temía pasar por una acera si en ella había patotas de jóvenes negros. Algo que según él hería sus sentimientos, pero no reflexionó en el hecho de que esa atmósfera atemorizaría también a cualquier negro vestido con traje elegante.
Obama recalcó que él tiene ancestros en tres continentes y que es producto de una cultura mixta, sin discriminaciones. Sin embargo, sólo se identifica con los de su color, por más que se haya criado con su madre y sus abuelos maternos, ya que su padre, el único negro de la familia, lo abandonó de niño.
La careta del matrimonio Obama podría haber empezado a caer. ¡Qué diferencia con Colin Powell y Condoleezza Rice! Dos personalidades que no recurrieron a eufemismos ni engaños para brillar en sus actividades políticas o académicas. Ambos, plenamente integrados a la sociedad, jamás usaron su color para obtener preferencias. Tampoco culparon al establishment blanco por sus infortunios.
Desde un ángulo oscuramente siniestro, la idea subyacente en su prédica popular podría tener su base ideológica en el Norte de África. Su objetivo, tal como explica Muammar Al Gadhafi en su Libro Verde –es acabar con la civilización judeocristiana y la predominancia global de la minoría blanca, dominar el mundo y dar nacimiento a la era de Alá.
Louis Farrakhan junto a Jeremiah Wright, el guía espiritual de Obama, concuerdan con esa propuesta, por más que Wright diga ser cristiano. Si el joven candidato demócrata es cómplice o no de la estratagema, es preferible no averiguarlo con él en el poder.
Firmas Press. El autor es ex diputado boliviano
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