DESPERTAR DEMOCRÁTICO.
El gran engaño del gobierno
Alfonso Grimaldo Poschl
opinion@prensa.com
Tristemente veo en nuestra República una tendencia preocupante y es que la democracia se ha convertido en una actividad relegada, simplemente nos contentamos con acudir a las urnas cada tantos años para ejercer un derecho a voto que realmente, en estos momentos, poco importa. Quien sea que gane la próxima contienda de 2009, quedaremos invariablemente en un peor estado.
Uno se pregunta el porqué de esta situación, qué hace que el panameño se queje en su hogar, pero no haga nada en procura de un Panamá mejor. Claro, protestan los grupos sindicales y nosotros, contentos en nuestros hogares, con la excusa para llegar tarde al trabajo.
Panamá se encuentra en un estado peligroso de "calmado conformismo". Cambian las leyes fundamentales y a muy pocos les interesa. Cambian el cálculo del sistema impositivo y hay quejas, pero no acciones concretas. Los panameños parecemos graduados de la "Universidad Internacional de Quejas", pero son pocas las propuestas que hacemos para contribuir a revertir las situaciones que se presentan.
Soy joven, no tengo recuerdos de la época de la dictadura, es una tristeza. ¿Por qué? Porque la juventud panameña, como yo, está dormida. Vivimos en nuestro mundo plagado de la universidad, de un mercado laboral cada vez más saturado y competitivo y de las presiones de la vida social. Pero, como no sabemos lo terrible que es vivir bajo un régimen dictatorial, no nos preocupamos de la concentración súbita de poder cuasi–militar reciente que, obviamente, viola los principios constitucionales, o del creciente populismo y, principalmente, del futuro de nuestro Estado.
Los demagogos se aprovechan de esto con el "Team Dios sabe que" y otros trucos de Carnaval y utilizan nuestra ignorancia y preocupación individualista y desprendida para adquirir bases de apoyo casi perfectas a su sentir, leales a su imagen, pero desinteresadas de su hacer.
Con esto, llego al punto que deseo enfatizar: el Presidente de la República, por más que se le llame "excelencia" y le demos honores, es meramente un empleado público. Por esto se le llama mandatario, puesto en el contrato social de mandato al Gobierno, nosotros, la ciudadanía, somos el mandante, aquel que ordena, pone lineamientos y dicta la voluntad nacional. Pero nos hemos olvidado de esto, pensamos que el mandatario es el que manda. ¡Qué triste reversión del asunto!
El Gobierno trabaja (o debería hacerlo) para nosotros, nos debe respetar y nos debe responsabilidad, es decir, debe responder por sus acciones.
La democracia es un proceso activo, de todos los días. Somos nosotros, la ciudadanía, la que debemos fiscalizar al Gobierno diariamente. Debemos exigir el derecho de revocatoria, es absurdo que si fallamos en nuestra elección, debamos esperar cuatro años para renovarla.
Somos seres humanos, fallamos y podemos ser engañados. Pero debemos entender y aprender, y no caer en el mismo engaño nuevamente. Y menos tres veces seguidas. Porque es así. Por más que digan y prometan, las personas que hemos sentado en la curul presidencial nos han fallado.
Vienen las elecciones y nuevamente recuperamos la democracia, aunque sea por un día. Es hora de analizar la situación política de la nación. Desde el joven que acaba de cumplir los 18 años hasta la señora de 99. Es responsabilidad de todos procurarnos un gobierno mejor. Y si el mercado no nos tiene ninguna buena oferta, presionar por que haya una.
Recordemos esto: el Gobierno es nuestro, pero implica responsabilidades que debemos ejercer. Esa es la única y verdadera ruta al éxito político (y subsecuentemente económico y social) de una nación. La responsabilidad ciudadana.
No caigamos en el engaño nuevamente.
El autor es estudiante de derecho y ciencias políticas
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