NUEVOS PROFESIONALES.
Prepararse para enfrentar los retos actuales
Julio César Tejada Ramírez
Nuestro mundo cambiante se manifiesta. Lo evidencia una revolución tecnológica que origina cambios profundos en nuestra percepción del tiempo y del espacio, acortando distancias para compartir eventos y comunicarnos en "tiempo real". Se impone la reorganización del sistema socioeconómico, los cambios en el mundo laboral, social, en la percepción del deterioro ambiental y en la configuración de una economía global.
Esta economía global, caracterizada por una competencia y cooperación mundial, aumentó el uso, acceso y disponibilidad de la información, de la automatización, la creación de nuevos trabajos y profesiones, generó el crecimiento del empleo de servicios, y la exigencia de una mayor autonomía en el trabajo. Características que demandan una comprensión mayor de los cambios demográficos, de cómo aumentar la productividad agrícola, mejorar la eficiencia energética, eliminar las enfermedades, y proteger los ecosistemas y sus recursos naturales. Para atender estas necesidades, parece necesario un cambio en la educación.
Se requieren profesionales con conocimientos, habilidades y destrezas nuevas que les permitan ser ciudadanos sensibles a las realidades de su propio entorno al tiempo que son ciudadanos del mundo, competir por trabajos y mercados, dirigir a empleados de otros países y culturas, tener la facultad de colaborar y compartir con personas de todo el mundo.
Estas necesidades, a su vez, demandan cambios en los procesos educativos para enfatizar en las habilidades del aprendizaje y en los conocimientos básicos, para vincular el saber, con el saber hacer, al saber como saber donde prive el análisis y el pensamiento crítico.
Se requiere formar a un ser humano, a un profesional que pueda realizar "trabajos que aún no existen, para que use las tecnologías que no han sido inventadas y que, en ese contexto, aproveche las oportunidades y resuelva problemas".
Se requiere desarrollar la capacidad para contrastar nuestra comprensión de las cosas y su conocimiento, para adecuarlo a las nuevas situaciones y realidades.
Requerimos, en suma, de una formación científica del aprendizaje y desarrollar una sólida formación en valores y comportamiento ético, en la vida personal y laboral del individuo.
El desarrollo de estas habilidades para interactuar satisfactoriamente en la sociedad del conocimiento, identifica las características del siglo XXI, y deberían ser de interés especial en la formación que se imparte en las escuelas y en las universidades.
La nueva escuela deberá hacer realidad que el proceso de aprendizaje no dependa del tiempo y el lugar, ofrecer contenidos curriculares y herramientas de enseñanza actuales y relevantes, que adapten la enseñanza para atender también las necesidades sociales, individuales y grupales del aprendiz.
Es decir, que los procesos de enseñanza y aprendizaje deben ser integradores, innovadores, continuos, relevantes y adaptables. Se requiere revisar el proceso de formación y crear un ambiente y entorno de aprendizaje en el que se potencie el aprendizaje del pensamiento crítico y la resolución de problemas, la comunicación sustantiva, oral y escrita, en más de un idioma, la creatividad y la innovación, el trabajo en equipo y la colaboración, las habilidades para trabajar con la diversidad (en todas sus formas), el liderazgo, la alfabetización en información y aplicación de la tecnología de la comunicación informática, la ética, la ética laboral, la responsabilidad social y ambiental, y la responsabilidad por el aprendizaje propio y continuo.
En Panamá, ¿estamos formando en estos conocimientos y desarrollando estas habilidades y destrezas, en el hombre y la mujer del siglo XXI?
El autor es profesor de ecología aplicada en la Universidad Earth, de Costa Rica.
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