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Panamá, lunes 24 de marzo de 2008
 

PELIGROS INTERNOS Y EXTERNOS.

Los extremos y el sindicalismo

Samuel Rivera Valencia

Para dar a entender la esencia de mi escrito, se debe saber cuál es la esencia del sindicalismo y conocer algo de su historia. Según mi visión, es necesario fortalecer el sindicalismo en nuestro país y en todos los países, por eso este artículo no solo va dirigido a los sindicalistas sino a los empresarios, a los gobernantes, a los políticos, a los encargados de los centros de formación y a todos aquéllos que se agitan en la brega social.

El nacimiento del movimiento de los trabajadores, denominación que algunos le damos al sindicalismo, ya que es más amplio y no solo queda en organizaciones sindicales, nace de las necesidades de los pueblos de reivindicarse frente a los patronos, frente a los gobernantes, y para seguir sobreviviendo a las múltiples necesidades de todos los tiempos.

El movimiento organizado necesita un gran debate, un debate no excluyente, sin que nadie se abrogue el derecho de dirigir, ni de imponer estructuras para luego manipularlas y descartar a todos los no que le siguen, sin dar cabida a la fuerza de las ideas, porque la batalla hay que darla y debe ser librada en el campo de las ideas y no en el de la violencia. A muchos les ha caído un cansancio de la participación, del aporte de la militancia gratuita, es otra situación que tenemos la tarea de cambiar.

Por otra parte, el orden económico que hoy nos imponen desde dentro y desde fuera es insostenible e insoportable. La población cada día toma más conciencia de las injusticias de que es víctima a través del hambre, del sufrimiento y de las humillaciones que sufre, he aquí donde el movimiento de los trabajadores debe iniciar el debate, desde cada hombre y cada mujer para saber qué lugar ocupa dentro de los extremos.

Un movimiento de los trabajadores que esté al extremo o plegado a la patronal o a los lineamientos de los partidos políticos está condenado a desaparecer, a ser absorbido por la burocracia estatal. Igual suerte correrá aquel movimiento de los trabajadores que se crea la única vanguardia lúcida, que piense en dividir a las organizaciones (para ponerlas a disposición de sus propias estrategias políticas), que deseche el diálogo, el debate, la fuerza de las ideas y que favorezca la violencia para imponerse sobre todos. Este tipo de movimiento no solo puede perder fuerza, sino que está destinado a perder la confianza de aquéllos que buscan resolver los problemas sociales que les agobian.

¿Qué otros extremos experimentamos? Los que hoy vive el movimiento organizado para crear una organización sindical. Hemos retrocedido casi 100 años, cuando formar una organización que reivindicara los problemas colectivos, individuales y sociales se pagaba hasta con la muerte. Hoy al igual que en esa época, la creación de estas organizaciones se hacen en el anonimato, en pasillos oscuros. He aquí otro extremo, el extremo de una parte del sector patronal que desprecia a los que se organizan, lo hacen para disminuir sus costos y que las ganancias de sus cajas registradoras crezcan.

Por otro lado tenemos un Estado que denigra el derecho de organización de los trabajadores del sector público, que muchas veces son manipulados por el poder de quienes dirigen las instituciones, con estilos de conducción netamente ejecutivos, en donde el roce con el pueblo está más lejos que la China.

¿Dónde quedó aquel estilo de gobernar que vi en alguien que llegaba a atender a las comunidades, personalmente, a la mínima protesta? Hoy las comunidades tienen que cerrar las calles, tras haber acudido a los diferentes organismos institucionales, en donde nadie les "para bola".

Aunque las protestas son efectivas, afectan a miles de inocentes, además, es peligroso dejar de atender la más mínima necesidad de la población. Se corre el riesgo de que los moradores de las comunidades afectadas caigan en manos de aventureros políticos, como ha sucedido en otros países en donde por la negligencia de las clase política, sindical y empresarial, viven enfrentados entre hermanos y peleándose a diario con las naciones vecinas.

Los países más desarrollados cuentan con los más altos índices de organización, esto les facilita aterrizar sus políticas y los ayuda a que la distribución de la riqueza sea más equitativa, que es lo que reclama diariamente la población panameña.

El autor es abogado y secretario de finanzas de la CGTP
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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