Los largos días de asueto acabaron. El retorno a la realidad se torna como una pesada resaca recurrente por los amargos tragos que se ingieren diariamente: eternos tranques; la ineficacia del transporte público; las protestas por los problemas de la Caja de Seguro Social; el progresivo aumento del precio de los combustibles y de la canasta básica; la imparable violencia, cierre de calles como forma de manifestar la desesperación ciudadana; y la política, que se ha enquistado en la opinión pública a más de un año de los próximos comicios electorales, robando el protagonismo a los problemas que nos afectan. Es una larga lista de situaciones incómodas repudiadas por los panameños.
El discurso del gobierno, a estas alturas de su período, continúa siendo reactivo y más bien errático; ya es hora de pasar de la palabra a la acción. Hay una crisis latente, alimentada por múltiples problemas que están a la espera de solución. Ignorar este hecho es subestimar sus consecuencias.
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