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Panamá, viernes 21 de marzo de 2008
 

PELIGRO DE DAÑO MENTAL Y EMOCIONAL.

La realidad de los ‘reality’

Ricardo Mejía M.

No tengo hijos ni hijas, pero tengo la buena fortuna de contar con varios sobrinos y muchas sobrinas a quienes, aunque no frecuento tanto como quisiera, quiero mucho.

Una de ellas ya es una joven de 19 años de edad, pero recuerdo que desde los cuatro añitos decía que le gustaría ser modelo y cantante; inclusive, cuando había fiestas y reuniones familiares se tenía un espacio específico en el programa de la actividad familiar para sus modelajes, interpretaciones de artistas y demás. Y por supuesto, ella misma se encargaba de la producción, y le asignaba a cada primito o primita, así como a su hermano, un rol en el show.

Agradezco que en esa época no estaban de moda los famosos reality que invaden los medios de comunicación actuales, ya que si hubiesen existido, con toda esa promoción que se da, de seguro ella hubiese querido participar en alguno. Tal como ocurrió con otra de mis sobrinas, una de nueve años, que con lágrimas en los ojos le solicitó a su madre que la llevara a las audiciones, a lo cual ella, muy sabiamente, le respondió: "No tienes suficiente edad y madurez para eso; además, no tengo suficiente dinero para pagar un psicólogo después de que ganes o pierdas".

Y es que el daño mental y emocional al cual están siendo expuestas estas niñas, quizás no seaevidente en la actualidad y la teleaudiencia en general lo vea como un "bonito programa"; pero más adelante tendrá sus consecuencias.

En realidad, estos reality en muchas ocasiones –por no decir todas– lo que buscan es incrementar el rating de las televisoras, y no se fijan en detalles que pueden pisotear la dignidad e irrespetar los derechos humanos de las personas involucradas. Recordemos el caso de un programa en España, que unió a una mujer con su ex pareja, un hombre que la agredía constantemente, y al poco tiempo este la asesinó.

A la mujer cuando en su momento había buscado ayuda, las autoridades le habían recomendado, como es obvio en estos casos, que evitara contactos con ese hombre.

Pero los productores de estos programas no conocen de medidas legales, sociales o psicológicas, ya que no son profesionales ni especialistas en el tema, mucho menos comprenden por qué no se deben exponer en ciertas situaciones a las personas en la televisión como medio para garantizar su seguridad e integridad.

El suceso en España ocurrió con personas adultas, y vemos las graves secuelas que se pueden causar, imaginemos que puede pasar con niñas que aún no han desarrollado completamente su personalidad.

La pregunta obligada es: ¿Está todo el equipo de producción, presentadores (as) y, sobre todo, jurados preparados para atender científica y profesionalmente los efectos mentales y emocionales a los que están exponiendo a las niñas?

Nos hacemos la pregunta por la tensión y humillación pública a que son expuestas semanalmente las niñas, en nombre de fama y premios que ni siquiera servirían para cubrir los gastos en que incurren los padres y madres para atender las responsabilidades y obligaciones que demanda un programa de este tipo; mucho menos para reparar los efectos a su salud mental que pueden desarrollar en el futuro estas niñas.

Y hablando de pagos: ¿Alguien habrá hecho un análisis de los beneficios que recibe esta empresa televisiva en concepto de publicidad y llamadas versus lo que reciben o no las protagonistas?

Por otro lado, me pregunto, como quien no sabe las cosas, ¿estará esta actividad entorpeciendo los estudios de estas niñas?, ¿estará afectando su tiempo para las actividades lúdicas a que tienen derecho?, ¿estará en riesgo –como ya se ha dicho – la salud mental de estas niñas? ¿Se habrá tomado en cuenta que una niña entre 8 y 12 años no tiene todavía el criterio para tomar decisiones maduras, por lo que incluirla en esta actividad, "porque ella quería", no es excusa de lo que resulte de la misma?

Estamos viviendo una época en que los medios de comunicación marcan pautas en el avance positivo o no de las sociedades. Pensamos que abusar de nuestros niños y niñas se limita al maltrato físico, sin embargo, con la evolución de la sociedad lastimosamente los abusos también se diversifican.

Y lo grave es que si no estamos adecuadamente informados, caemos en el juego del comercio y exponemos a los seres más vulnerables a los vaivenes de la sociedad que nosotros mismos estamos fraguando.

La Declaración de los Derechos del Niño (y la niña), enuncia literalmente que, "el niño (y la niña)gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad". Nuestras niñas y niños no deben ser objetos negociables que sirvan para que algunos lucren a expensas de su salud, integridad y seguridad.

El propósito de esta reflexión no es una mera crítica más; por el contrario, lo que se busca es que analicemos las acciones que llevamos y que pueden dañar y afectar a las personas que más necesitan de nuestra protección y apoyo.

Hago esta reflexión, también, pensando en mis sobrinas que todavía no son adultas; de manera que mis hermanos, hermanas, primos y primas las tomen en cuenta y contribuyan también, efectivamente, a que las niñas desarrollen su potencial humano en favor de una sociedad panameña conformada por seres humanos valiosos y plenos a partir de una adecuada salud física, mental, emocional y espiritual.

El autor es biólogo y especialista en género y desarrollo
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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