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Panamá, viernes 21 de marzo de 2008
 

EJEMPLO DE VIDA.

Hoy … hace 1975 años

I. Roberto Eisenmann Jr.

Quienes admiramos y procuramos –siempre sin alcanzarlo– imitar la vida ejemplar de ese hombre llamado Cristo, hoy estamos recogidos pensando, meditando e inspirándonos en el significado de su calvario y su horrible sacrificio en la cruz de palo.

¿Cuántos ejemplos, para que cada uno de nosotros –los creyentes en Cristo– intentemos imitar su vida, culminaron en un día como hoy hace 1975 años? Algunos se apegan con fervor a los dogmas y enseñanzas de la religión. Otros (me cuento entre ellos) pensamos más en el Cristo hombre… y su mensaje a mí como hombre. Yo siento que me dice cosas tales como: la vida debe ser vivida con un superior propósito humano. Que una vida vivida así supone sacrificios… grandes sacrificios. Que ninguno de nuestros sacrificios puede ser tan grande como el del clavado en la cruz de palo, así es que, a pesar de los golpes recibidos, no puede uno rendirse, ni sentirse lástima, sino volver a levantarse y seguir luchando por el propósito de vida escogido. Que la muerte no existe, lo que hay es una transición hacia otra vida que aún noconocemos. Que la transición de una vida a otra no es posible sin calvario, sin sufrimiento, sin trauma. Si al nacer hay trauma, no puede ser distinto al volver a nacer a la otra vida.

Que, a pesar de nuestra fragilidad, de nuestra insignificancia, una sola vida vivida con un propósito superior puede significar la diferencia… puede producir un cambio significativo para la humanidad que nos rodea. Por eso no podemos desmayar en nuestra lucha por nuestro escogido propósito superior.

Que la vida no se mide por el tiempo vivido sino por cosas más profundas y significativas que logramos a nuestro paso –corto o largo– por esta vida.

Que –a pesar de todos los signos contrarios que nos rodean, no valemos por lo que tenemos sino por lo que somos. Por eso es que hay ricos desdichados, y pobres felices y realizados.

Que las enseñanzas más eficaces que podemos ofrecer a los nuestros… a los que nos rodean, no son las del verbo vacío sino las del ejemplo de nuestras vivencias. No podemos decir una cosa y hacer otra, y pretender enseñar.

Que debemos vivir nuestras convicciones con pasión, pero a la vez ser tolerantes con los que tienen creencias, convicciones, opiniones distintas a las nuestras. Que no existe una sola verdad (la mía) sino tantas verdades como seres humanos hay. Que todas la religiones y creencias son buenas… que todas conducen a una conducta más humana, y que la intolerancia religiosa –venga de donde venga– es inhumana e inaceptable.

Que una vida digna y valiosa es una vida vivida para los demás.

Así, para encontrar los profundos mensajes imitables de la vida de él clavado en la cruz, a quien tanto admiro, no tengo que ser un erudito en los dogmas y reglas de mi religión.

Todos los días, pero hoy más que nunca, pienso en él y lo que hizo por mí, un día como hoy… hace 1975 años.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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