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Panamá, viernes 21 de marzo de 2008
 

OBJETIVOS DESVIRTUADOS.

Solo el pueblo salva al pueblo

1001146Edgardo Lasso Valdés

Es práctica común en toda manifestación pública en donde participen diferentes grupos organizados tales como, camioneros, transportistas (colectivos y selectivos), obreros de la construcción, además de otros gremios importantes que mantienen en movimiento permanente la economía de nuestro país –adicional a la crítica directa a las autoridades a quienes consideran responsables de sus carencias, falta de seguridad, aumento en el costo de la canasta básica, electricidad, etc.– agregar la frase: "solo el pueblo, salva al pueblo".

Supongo que con el uso de esa frase se trata de señalar que solo las personas humildes, los pobres, los desamparados, aquellos que conocen por haberlo padecido en carne propia, saben cómo administrar los fondos públicos y la responsabilidad de los cargos gubernamentales, en beneficio de las clases populares.

Hasta donde tengo información, el transporte colectivo de pasajeros, es decir los buses y las "chivas", como se llamaba a los vehículos más pequeños para transportar pasajeros hace más de cuatro décadas, pertenecían a varios empresarios quienes pagaban un salario a los conductores de esos vehículos y se encargaban de mantener en óptimas condiciones mecánicas esos transportes públicos. Estos eran muy confiables y los conductores, con gran cortesía, transportaban a los usuarios a sus lugares de destino.

En los inicios del régimen militar, allá por la década de 1970, el general Omar Torrijos decidió entregar a cada conductor de bus colectivo, lo que él llamó su "machete de trabajo", es decir un vehículo que les permitiera ser el dueño de la herramienta que le procurara el sustento diario.

Desafortunadamente, las buenas intenciones no fueron suficiente aliciente para que los recién iniciados empresarios se mantuvieran como tales, dentro del negocio del transporte masivo de pasajeros.

Algunos de ellos optaron por convertirse en políticos, ocupando puestos importantes como diputados, representantes de corregimiento y, sobre todo, adueñándose de los llamados cupos de operación del transporte colectivo.

Ya ellos no conducen los transportes, ahora son los propietarios de los vehículos y los cupos comerciales, eso les permite controlar la cantidad, tipo de transporte y quienes estarán detrás del timón de cada uno de los buses.

¿Qué pasó con los deseos de Omar Torrijos de convertir en propietario del vehículo a cada conductor?

Si solo el pueblo salva al pueblo, ¿Cómo es posible que, la gente de pueblo que conducía los buses, ahora sean los magnates que acumulan cupos y buses, en detrimento de los actuales conductores, llamados "palancas"?

Antes de la década de 1970, los conductores tenían salarios que les cubría sus necesidades básicas, hoy, gracias a que el transporte está en poder del pueblo, el "palanca" debe pagar diariamente una alta suma al propietario del bus, un porcentaje al "pavo" o secretario y el consumo del combustible. Lo que queda, si es que queda algo, es su remuneración, después de una larga jornada, sin derecho a vacaciones, enfermedad y prestaciones sociales.

No logro entender cómo el pueblo que conducía los buses, hoy convertido en propietario, trata como esclavos a los que conducen esos mismos buses. Yo me atrevería a cambiar esa repetida frase por, "solo los gobernantes honestos salvan al pueblo".

Aprendamos a elegir a los más honestos "por sus actos los conoceréis".

El autor es banquero
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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